domingo, 21 de septiembre de 2014

Sala de Lectura


Brenda Caballero
Números Rojos

El pasado 16 de septiembre recibo un mensaje de Livia: no va a poder asistir a nuestra cita.
Realmente nada tuvieron que ver las fiestas patrias con que Livia no fuera esa mañana, sino que el día amaneció muy lluvioso.
Le cuento: hace precisamente once días, paseaba con Harry por el parque de mi casa, cuando una señora colocaba un letrero en una parte del parque que llamó mi atención. 
El anuncio decía: “Bienvenidos a la Sala de Lectura: Préstamo de Libros. Actividades: Lectura gratis. Presentación de Libros, Lectura de Autores, Cuentacuentos. Sala de Lectura Libre”.
A un costado del parque en una barda pequeña, Livia colocaba una serie de libros sobre un papel para evitar que éstos se mojaran.
Estaba viendo los títulos entre los que figuraban más temas infantiles como “Cuando las Panteras no eran Negras”, “Los exploradores de huesos”, “De fábulas”, “Diario de un Loco”, “La Generación Z y otros ensayos”, “La Metamorfosis”, entre otros, cuando unas señoras se acercaron a Livia para felicitarla y comentarle que habían visto la noticia de que una persona iba a los parques y prestaba libros a los transeúntes para fomentar la lectura.
Al fondo, un chico de secundaria leía amenamente un libro, que confirmé se lo había dado Livia cuando me dijo: “Está esperando que abran el contenedor de computadoras (los del Ayuntamiento) pero por lo pronto, ya lo puse a leer”.
El chico no parpadeaba al leer un libro, al parecer de cuentos de terror; sólo cambiaba de pierna y seguía con su lectura.

A finales de abril de 2014, según la Encuesta Nacional de Lectura, se conoció que los mexicanos leen 2.94 libros al año, dato muy similar al del 2006, donde los mexicanos leían 2.6 libros según otra encuesta de Conaculta; es decir, en casi ocho años, los mexicanos no logramos superar los tres libros.
Con los datos anteriores, podemos afirmar que nuestra situación como país es alarmante, ya que no logramos que los mexicanos tengan un hábito de lectura.
Contrario a este dato, Livia está entusiasmada y me cuenta que tiene tres niños que acuden cada martes (día en que ella pone sus libros en el parque) a que les preste libros, aunque le preocupa cuando se le acaben los temas.
Le pregunto que por qué en martes y no en sábado o domingo, que es cuando la gente se concentra en el parque de manera familiar o en pareja.
Me contesta que es voluntaria, y que ella quisiera ir esos días, es más, ¡sueña con un local que le presten y donen algunas sillas para tener un lugar fijo donde no se moje o donde no piquen los zancudos.
Recuerda que alguna vez trajo a un cuentacuentos. Ese día hubo mucha gente entusiasmada en los libros y quisiera volver a revivirlo.
Livia no pudo ponerse el pasado martes porque llovía, tal vez si pidiéramos una cochera, unas sillas prestadas, alguna mesa, en ese día húmedo esos niños habrían pedido otros libros para leer y habrían ya superado la media pér cápita.

Email: caballero_brenda@hotmail.com
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