domingo, 12 de enero de 2014

Opacidad de partidos

Luis Alberto Romero
Hora Cero

La semana pasada, la Comisión de Vigilancia de la Legislatura del Estado dio a conocer los resultados de las más de mil auditorías practicadas por el Órgano de Fiscalización Superior del estado a los gobiernos municipales y estatal de Veracruz; esto es, a todos los organismos y dependencias que manejan recursos públicos.
En total, 38 ayuntamientos de la entidad resultaron con un presunto daño patrimonial; el monto, más de 400 millones de pesos.
Hablamos de la corrupción que impera en muchos ayuntamientos y también de la impunidad que prevalece para castigar los desvíos, daños patrimoniales y mal uso de los recursos públicos, actos que constituyen no solo irregularidades sino conductas delictivas por las que nadie responde, ni ediles, ni tesoreros, ni directores de obras.
Sin embargo, los temas de corrupción, opacidad y daño patrimonial no se limitan a los ayuntamientos o a las dependencias gubernamentales.
Un claro ejemplo es lo que ocurre con los partidos políticos, que reciben financiamiento público, pero que rara vez dan cuenta del uso de las prerrogativas que obtienen gracias a los contribuyentes.
Solo el año pasado, se destinaron 3 mil 742 millones de pesos para los partidos políticos con registro nacional; es decir, más del 50 por ciento de los recursos que fueron asignados al Instituto Federal Electoral, que recibió un total de 7 mil 277 millones de pesos para su operación.
En el ámbito nacional, el PAN recibió más de 832 millones de pesos; el PRI, 991 millones; el PRD, 634; PT, más de 273 millones; 313 millones fueron para el Verde Ecologista; 257 para Movimiento Ciudadano y casi 260 millones de pesos para Nueva Alianza.
Y si esa cifra resulta excesiva, le diré que no se compara con lo que los partidos políticos ejercerán durante este 2014: más de 4 mil 44 millones de pesos.
El problema, entonces, no es sólo el uso de dinero público, sino la opacidad con que se conducen los partidos.
Y al igual que en el caso de los ayuntamientos cuyas auditorías hablan de daño patrimonial, nunca vemos ni las cuentas de los partidos, ni a responsables del manejo de éstos, acusados por desvío de recursos.
Al contrario, muchas veces los dirigentes de los partidos concluyen sus periodos con los bolsillos llenos.
Hace poco más de un año, por ejemplo, en Veracruz fuimos testigos de las acusaciones que lanzó un grupo de militantes del PRD contra su entonces dirigente, Juan Vergel Pacheco, por el uso irregular de las prerrogativas.
Por otro lado, precisamente ahora, en el proceso de renovación de la dirigencia del partido del Sol Azteca en la entidad, salió a relucir que uno de los aspirantes al cargo, que ya ocupó la presidencia del comité estatal, ha logrado amasar una fortuna que incluye un motel en Tuxpan, un restaurante en Xalapa, un rancho en Plan del Río, camionetas y vehículos de lujo y diversas propiedades; todo eso, en tres años en la dirigencia estatal.
 Por supuesto, nadie molesta a los dirigentes partidistas a pesar de su desprestigio, de su falta de credibilidad y, sobre todo, de que también manejan recursos públicos.

@luisromero85
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