lunes, 28 de julio de 2014

Petróleo, cacicazgos y muerte: historias vivas

* México y Veracruz: ¿Cómo entender la Reforma Energética sin “La Quina”?
* ¿Cómo explicar la debilidad del sindicato petrolero sin los 300 cadáveres en los pozos de Toribio Gargallo
* ¿Cómo visualizar al Coatzacoalcos de los 80s sin la suculencia de “Las Pampas”, el exitoso restaurant de “Don Trampas”?
José Luis Ortega Vidal
Claroscuros

¿Qué tienen en común “Los Colorines” y “Las Pampas”?
Fundamentalmente, ambos nombres refieren a sendos restaurantes y los dos lugares -el primero de ellos ubicado en Fortín de las Flores y el segundo en Coatzacoalcos- remiten a historias oscuras de poder.
Palabras como: cacicazgo, traiciones, excesos, corrupción, muerte, historia, Estado, aparecen detrás de las simples fachadas de negocios alimenticios en dos lugares distantes -entre sí- al interior de la geografía veracruzana.
Sus propietarios o clientes, sin embargo, revelan un elemento clave para entender al México y al Veracruz de hoy.
Sin conocer las trayectorias de Toribio “El Toro” Gargallo Peralta y Héctor “El Trampas” García Hernández no es posible entender -por ejemplo- la aprobación del Congreso al gobierno federal para que asuma los pasivos laborales de PEMEX y la CFE.
Todo -no obstante su aparente falta de hilación- está conectado.
Los asesinatos que se decidieron en “Los Colorines” durante la década de los 80s; el escape del “Trampas” a MacAllen, Texas en 1983; la fallida “Renovación Moral” en el gobierno de Miguel de la Madrid; los crímenes de Heriberto Keohe Vincent y Oscar Torres Pancardo en 1977 y 1983, respectivamente...
También se vinculan y constituyen un pasado siniestro, oscuro, sangriento de la historia del país y la entidad -sin cuyo reconocimiento no es posible entender el presente- la muerte de Toribio Gargallo a manos de policías veracruzanos en el momento que el narcotráfico evolucionaba y sicarios como él -caso semejante a la Sonora “Matancera” encabezada por Felipe “El Indio” Lagunes- dejan de cumplir el papel para el que fueron creados, rebasan los límites marcados por sus creadores o impulsores -grupos de poder del gobierno- y ponen en peligro eso que eufemísticamente nuestros políticos suelen denominar: “el equilibrio, la estabilidad y la paz social”.

El Sindicato de rodillas
Hasta el primero de diciembre de 1982, cuando Miguel de la Madrid Hurtado asume la Presidencia de México, una decisión como la tomada el viernes 25 de julio del 2014 por la Cámara Baja, que avaló al gobierno federal asumir una parte de los pasivos laborales de PEMEX y CFE -calculados en casi 2 billones de pesos- habría sido misión imposible.
El Congreso y el ejecutivo en manos de Enrique Peña Nieto han puesto como condición para el llamado “PemexProa” que PEMEX y CFE acuerden con sus respectivos sindicatos la modificación de sus Contratos Colectivos de Trabajo.
En 1982 Joaquín “La Quina” Hernández Galicia, el líder sindical más poderoso del país durante tres décadas, habría constituido por sí mismo un factor de temor en el gobierno federal ante la sola ocurrencia de modificar la relación obrero-patronal para dar paso a los contratos individuales en los futuros accesos a plazas.
A 8 meses de la muerte de “La Quina” -murió en libertad, a los 91 años de edad, el 11 de noviembre del 2013- a unos días de haberse aprobado la Reforma Energética que privatiza la explotación e industrialización del petróleo mexicano, el gobierno de Enrique Peña Nieto va por el resto y exhibe ante el país y el mundo a un Sindicato Petrolero débil, postrado, minimizado.
Carlos Romero Deschamps, el Senador callado, sometido, sabe que de no obedecer correría la misma suerte que Elba Esther Gordillo.
Por ello, el Secretario General del STPRM guarda silencio.
Por eso, con cierto pudor y fallido disimulo ante la pérdida de derechos históricos conseguidos por los trabajadores de PEMEX -ubicados, sin duda, entre los más privilegiados en el escenario laboral mexicano- el orizabeño Luis Ricardo Aldana Prieto, ex tesorero y hoy titular de Control y Vigilancia en el Comité Nacional del sindicato petrolero, apenas atina a proponer que “se revise la redacción de la nueva Ley”.
El pasado viernes 25 de julio, las Comisiones de Energía y Presupuesto en la Cámara de Diputados con votos del PRI, PAN, PVEM y PANAL dieron el sí al respaldo financiero a PEMEX y CFE que rebasa en monto al FOBAPROA y al rescate carretero; frente a la oposición del PRD, el PT y el Movimiento Ciudadano.
Luis Ricardo Aldana Prieto, único diputado priista que votó en contra dentro del debate histórico de Comisiones, argumentó que: “los cambios en el contrato colectivo de trabajo para que el Gobierno federal asuma una parte del pasivo laboral de Pemex violentan acuerdos internacionales”, por lo cual presentará una reserva a dichos artículos.
El tema del rescate financiero del sector energético irá al Pleno de la Cámara Baja esta misma semana.
Marco Antonio Bernal, presidente de la Comisión de Energía, rechazó la comparación con el rescate de la banca en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, conocido como el Fobaproa.
“Lo único que hacemos es autorizar a la Secretaría de Hacienda a que pueda asumirlo -el pasivo laboral de PEMEX y CFE- como deuda, siempre y cuando exista una reforma al sistema de pensiones y lo asumirá en el monto en que la reforma al sistema de pensiones le traiga ahorros a la empresa”.
“No se van a erogar recursos, no pagaremos ni un impuesto, ni va a haber más impuestos ni los mexicanos van a pagar nada. No es ese rollo de que es ‘Pemexproa’, no, no tiene nada qué ver”.
“La empresa es del Estado mexicano, si esa empresa tiene un pasivo fue generado por autorizaciones del Ejecutivo federal y autorizaciones del Congreso de la Unión que es el que define en qué puede gastar Pemex y el que le fija los montos”.
“En todo caso sería responsabilidad del Poder Ejecutivo y del Legislativo”, explicó.
Las modificaciones a la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria fueron aprobadas en lo general con 43 votos a favor, 17 en contra y cero abstenciones.
Se cambian los artículos Segundo y Tercero transitorios en lo relativo a la obligación para que el gobierno federal asuma un porcentaje de la deuda por las pensiones actuales y futuras de Pemex y la CFE, en cuanto empresas y sindicatos acepten modificar sus contratos colectivos de trabajo para permitir la cotización individualizada.
“Es el tercer rescate. Primero el FOBAPROA, después el rescate carretero y ahora -cobijado en la supuesta defensa de los intereses laborales- en realidad están asumiendo los pasivos de PEMEX para proceder a su liquidación”, afirmó el diputado por Partido Movimiento Ciudadano Ricardo Mejía Berdeja, de la Comisión de Energía.

El presente pasado
Eran los años ochenta.
Gobernaba en Veracruz Agustín Acosta Lagunes.
En la Sección 10 del Sindicato Petrolero en Minatitlán se obedecía a pie juntillas al todopoderoso profesor oaxaqueño Sebastián Guzmán Cabrera; quien llegó al poder tras la caída -por intrigas de “La Quina”- de Sergio Martínez Mendoza.
Dos de sus más importantes colaboradores, Pablo Pavón Vinales e Ignacio Hernández Berrueco, gobernarían el municipio y serían legisladores en varias ocasiones.
Nanchital sentía cada mañana el peso de las oraciones a la Virgen de Guadalupe de parte del hombre que los llevaría a ser municipio libre -separados, por fin, de Coatzacoalcos- y heredaría el único palacio municipal veracruzano que mantiene una imagen de la guadalupana sobre su fachada, importando un carajo la condición laica del Estado mexicano.
En las Choapas, Onésimo Escobar había contratado a Lola Beltrán, Víctor Iturbe “El Pirulí”, a Emmanuel, Lucha Villa y cualquier artista de moda para sus fiestas particulares y para la boda de su hija con el vástago de uno de sus guaruras.
El 28 de febrero de 1977 Marcos López Mora -de acuerdo a archivos de inteligencia del gobierno estatal- fue testigo del momento en que Heriberto “El güero” Kehoe Vincent fue asesinado a balazos en el restaurant “El Chalet”, frente a la Plaza Cívica de Poza Rica.
Antonio Madrigal Mendoza lo mató en el momento que el líder de la Sección 30 y Secretario General Nacional del SRTPRM -años después se le quitó la R de Revolucionario y se convirtió en lo que es hoy: el STPRM- de acuerdo a versiones nunca aceptadas oficialmente, estorbaba a los intereses del poderoso Joaquín Hernández Galicia.
También en Poza Rica, Oscar Torres Pancardo -herido durante el asesinato del “güero” Kehoe- acudiría en 1983 a la reunión nacional de líderes seccionales petroleros en Ciudad Madero, Tamaulipas y posteriormente murió “en un accidente automovilístico” donde su chofer y hombre de confianza perdió la vida mediante un balazo en la cabeza: ¡Porque decidió sucidarse tras ver muerto a su jefe! Según versiones que jamás fueron confirmadas pero tampoco desmentidas por las autoridades.
Así operaban el Sindicato Petrolero y sus cómplices en el sistema gubernamental.
Así se dirimían las “diferencias políticas” en el gremio de la empresa paraestatal que alimentaba la hacienda pública del país.
En esa misma década -los inefables 80as- Héctor García Hernández “El Trampas” manejaría un periódico diario en Coatzacoalcos: “Tribuna del Sur”.
También, de acuerdo a un reportaje de Enrique Maza, publicado el 11 de noviembre del 2013 en la revista PROCESO:

“Fue un ardid. Espantados por la renovación moral de Miguel de la Madrid, Joaquín Hernández Galicia, La Quina, líder moral del sindicato petrolero, y Salvador Barragán Camacho, líder ejecutivo, tramaron el engaño. Y es que las cosas ya no eran iguales. La Quina había jugado varias veces con el chantaje de su retiro, Siempre le había dado resultado. Hasta que ya no.
Cuando Luis Echeverría subió a la Presidencia. La Quina lo invitó a su plaza fuerte, Ciudad Madero. “Señor presidente, yo ya estoy cansado y he pensado en retirarme de la vida sindical”. Echeverría ante semejante pérdida: “No, Joaquín. Quédese usted. Siga”. La Quina, sacrificado ante el mandato supremo: “Está bien, señor presidente, como usted ordene”.
Seis años más tarde invitó a José López Portillo: “Me retiró, señor presidente, ya estoy cansado”. López Portillo, ante la pérdida irreparable: “Usted es necesario, Joaquín, tiene que seguir”. La obediencia de La Quina: “Como usted ordene señor presidente”. Otros seis años.
Invitó a Miguel de la Madrid: “Ya estoy cansado, señor presidente. He pensado en retirarme”. Silencio presidencial. De la Madrid quería una limpia en Pemex. Y La Quina y Barragán tramaron el sacrificio expiatorio.
En un restaurante del DF se reunieron con El Trampas, Héctor García Hernández, su lugarteniente en Coatzacoalcos y en la zona sur, de quien Barragán era jefe, protector y compadre. Analizaron con él la gravedad de la situación y le anunciaron que lo ofrecerían en holocausto, para aparentar la renovación moral del sindicato: te destituimos, te acusamos, huyes, le echamos tierra al asunto y en dos años vuelves. Lo destituyeron, huyó a McCallen, lo acusaron, le cargaron los platos rotos y la vajilla entera.
Eso no estaba en el trato. El Trampas reaccionó en McCallen y le escribió una carta al presidente. Dijo lo que sabía –y sabía mucho– de sus jefes. Le tocó a La Quina el turnó de reaccionar. Mandó a secuestrar a El Trampas. Lo trajeron de McCallen vendado y en la cajuela de un automóvil. Lo entregaron a la policía de Reynosa. La policía lo llevó a Ciudad Madero, ante La Quina: “Te dije que te sacaría de donde te metieras”. Lo hicieron firmar acusaciones. A un calabozo en Tampico. Incomunicado. Al Reclusorio Sur. Encarcelado.”
Eran los 80s también. Fue en noviembre de 1988.
Arribaron a una cantina de mala muerte tres hombres ensombrerados. Sobre la barra se encontraba un hombre de apellidos Paz Rodríguez, apodado “el capulina” y de mala fama en el pueblo.
Un amigo llegó a saludarlo y brindaron juntos.
Fue la señal. Lo estaban “entregando”.
El trío ensombrerado simuló un pleito, involucraron al “capulina” y con el pretexto de una agresión de su parte lo balearon.
Usualmente armado, Paz Rodríguez andaba sin pistola aquella ocasión. Recientemente se había convertido en padre; buscaba cambiar la vida llena de delitos que le atribuían.
Herido, salió de la cantina y camino en dirección al tren. Los sicarios lo siguieron y lo acribillaron a plena luz del día. Se marcharon y más tarde volvieron, ya sin sombreros, a la escena del crimen.
La cantina donde provocaron un lío para matar al “capulina” se ubicaba junto al restaurant-bar de moda en Fortín de las Flores, entre Córdoba y Orizaba, en la región centro montañosa de Veracruz.
Allí, día día, departía Toribio “El Toro” Gargallo Peralta, el más cruel asesino de que se tenga registro en la historia de la entidad.
Al sicario nacido en Omealca, de manera individual se le acreditan más de 100 asesinatos; a su banda varios cientos, incluidos los de 300 víctimas encontradas en pozos dentro de cañales, en la sierra de Tezonapa.

Los restaurantes
Sobreviente a las traiciones de “La Quina” y Barragán Camacho, Héctor García Hernández Trampas” vive y maneja sus negocios en Coatzacoalcos, al sur de Veracruz.
Sede de 3 Complejos Petroquímicos propiedad de PEMEX y vecino de Nanchital -donde la iniciativa privada construye uno más- en la antigua ciudad de Puerto México es posible degustar más de 30 cortes de carne de alta calidad con el pago -por persona- de 250 pesos.
¡Una ganga!
El restaurant se llama “Las Pampas”.
Es propiedad de ese anciano muy bien vestido que da vuelta por los bancos locales de manera cotidiana y recibe trato de “Cliente Premier”.
El negocio de “Don Trampas” está en plena remodelación de su sede y se ubica a cien metros del malecón coatzacoalquense.
Aquí llega a comer “la gente bien de Coatzacoalcos”, así como “la clase política porteña”.
Los miércoles -por cierto- hay promoción: “el cumpleañero no paga”.
“Don Trampas”, como en los viejos tiempos, no pierde el olfato para los negocios.
En Fortín de las Flores, a su vez, en pleno 2014 puede usted ir a tomar una cerveza y pedir alguna botana en “Los Colorines”.
El negocio donde se contrataron infinidad de ocasiones los “servicios” del “Toro” Gargallo, aún funciona.
“Ya no es lo mismo. Antaño hubo espectáculos de alto nivel. Las mejores familias de Fortín, Córdoba, Orizaba y la región acudían a comer allí. Luego vino la época de cabaret y más tarde se volvió un sitio para la compra-venta de drogas y empezó su decadencia. Hoy, venden fritangas y sirven cerveza a parroquianos de bajo nivel económico“, cuenta un vecino del lugar.
¿Aquí operaba Toribio Gargallo? Le suelta el reportero y la reacción es inmediata. El hombre mira directamente a los ojos del interlocutor. Cambia el semblante. Modifica el tono de la voz. Por unos segundos guarda silencio y piensa muy bien lo que contestará.
Sí, interviene un tercero en la charla. Ahí llegó muchas veces. Venía todos los días.
¿Es cierto que aquí se ordenaban crimenes y secuestros?
Ambos callan.
Un cuarto parlante cuestiona: ¿vas a publicar nuestros nombres?
No, si no lo autorizan; se le responde.
Entonces ofrece algunos detalles: “eso se decía entonces y eso se recuerda hoy. Todo mundo le tenía mucho miedo a Gargallo. Hay muchas historias de gente que murió simplemente porque él lo decidió, porque miraron feo a una de sus mujeres, o porque se cruzaron con uno de sus matones y ya. Si una mujer le gustaba ya era suya. Tiene muchos descendientes. Varios viven aún en Fortín pero nada se sabe sobre ellos. Ni para bien ni para mal...

CONTINUARA...
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