lunes, 11 de agosto de 2014

Mancera y su salario mínimo

Salvador Muñoz
Los Políticos

La propuesta de Miguel Ángel Mancera de elevar a 80 pesos el salario mínimo suena fantástica en una primera instancia… digo, estoy seguro que un alto porcentaje de mexicanos está que se lo lleva la madre con el sueldo que gana y más en estas fechas de útiles escolares, uniformes así como inscripciones… el regreso a clases se convierte un regreso al Monte de Piedad.
Sobrevivir con el salario mínimo bien debiera ser una disciplina a incorporar en los próximos juegos centroamericanos y del caribe como juego de exhibición, pues se quiera o no, millones de mexicanos y veracruzanos la practicamos todos los días.

II
¿Se sorprenden que las tallas de los niños hayan aumentado? Vamos, se llena uno más fácil y más barato con una coca y un gansito; lo que uno puede invertir en estos dos productos apenas si alcanzaría para comprar un emparedado o torta digna de llamarse tal.
Por eso, cuando se oye la propuesta de Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del DF, de incrementar en 80 pesos el salario mínimo, suena a delicia, a ambrosía, hasta una cierta panacea en el bolsillo se puede sentir nomás de imaginar ese incremento…
Pero, sinceramente, ¿17 pesos más al salario mínimo creen que resolverían el problema de millones de mexicanos que sobrevivimos con el “mínimo”?
Sinceramente lo dudo…

III
El sábado me da 150 pesos la mujer para hacer compras. Vamos bajando y nos encontramos a una improvisada junta de vecinos que piden cooperación para el cerrojo de la puerta principal y la limpieza del jardín del edificio… ¡y ahí se van 25 pesotes!
Vamos a los jugos, y una buena noticia ¡bajó cuatro pesotes el litro de jugo! Se lleva dos la mujer así como tres de toronja que araña los 20 pesos por cada uno.
La señora del jugo nos dice que bajó el precio porque la naranja buena obligaba a vender el litro en arriba de 20 pesos y si bien, la gente demanda jugo de naranja, no iban a pagar más de 20 pesos por un litro.
Vemos enfrente al hombre de las nieves… de zarzamora con queso Philadelfia y de guanábana. El calor amerita un pequeño gusto. Atravieso la calle mientras me espera la mujer. Pido un sabor de cada cual y cuando veo el vasito chiquitito, le digo que no, que en uno más grande y me complace: “¿Cuánto es?”, pregunto. “50 pesos”... ¡bien trabado! Por supuesto, los pago, porque a veces también de orgullo uno se alimenta. Lo sé, me espera una regañiza del otro lado de la calle…
Cuando hacemos cuentas, cinco o siete pesos regresan con nosotros del viaje alrededor de la manzana…
Por la tarde, viendo la televisión, me dice la mujer si gusto jugo de naranja. Me sirve y en cuanto lo pruebo ¡casi lo escupo! “¿Qué es esto?” y me responde: “El jugo de naranja”, y entiendo el porqué bajó de precio… y me lo tomo… sí, ya pagué mucho por unos helados como para ponerme roñoso con algo parecido al zumo de naranja.

IV
Si hubiera que hacer un incremento al salario mínimo, soy de la idea de que éste debiera de ser entre 150 y 200 pesos para que al menos viéramos una despensa digna en nuestra alacena… pero… sí, esta maldita preposición que viene a truncar esos sueños guajiros de Miguel Ángel Mancera y los míos… la mujer me dice: “¿Ya has pensado en el Infonavit?”
—¿Qué tiene?
—Tus pagos son en función del salario mínimo; a cada incremento del salario mínimo, aumenta tanto la cuota que pagas por la casa como por el préstamo que te hicieron…
—O sea que si hay incremento…
—Pagarías más al Infonavit… y sin tomar en cuenta las multas, cualquier multa, que son en función también de los salarios mínimos…
O sea, al menos yo, pierdo con las ocurrencias de Mancera…

smcainito@gmail.com
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