jueves, 28 de enero de 2010

Cabañas

Fernando Hernández Fernández
El Marcaje

El “Caso Cabañas” no sólo será la noticia más importante del mes de enero, seguramente podría ser la más impactante en todo el año, más por las consecuencias que se pueden acarrear con la agresión sobre el futbolista paraguayo.
Diario se tiene información al respecto, tanto de la evolución física del delantero americanista como del aspecto judicial en búsqueda de los presuntos atacantes. De eso sería redundancia pura el ser abordado en estas líneas.
Pero quedan ciertas reflexiones que serán el pan nuestro de cada día en las próximas semanas, sobre todo porque hay muchos deportistas profesionales y amateurs a los que les gusta vivir en el exceso.
Nadie ha dicho que por tener una carrera atlética ellos se deben de desprender de su lado humano, por supuesto que no, pero justamente ellos son los que deben cuidarse más, por esa etiqueta que tienen colgada de “personas públicas”.
El ser un deportista reconocido da cierto status, prestigio, abre puertas en muchos lugares, pero es un “poder” que en el mayor de los casos no es controlado por sus poseedores.
No es un mal sólo de futbolistas, aunque sí son los más fotografiados y reconocidos por el escaparate en el que viven. No podemos olvidar en el puerto jarocho, en los recientes años, a Héctor Mancilla y Alonso Sandoval, que recibieron sendos castigos de la entonces directiva de los Tiburones Rojos, lo que al final costó sus respectivas salidas del club.
En el caso de basquetbolistas, cómo olvidar cuando Andre Laws y Dana White fueron sacados de un bar hace ya unos ayeres por sobrepasarse con unos clientes; y era común que ambos extranjeros, junto a paisanos de otros clubes agarraran buenas “fiestas” en antros de Xalapa.
También beisbolistas en centros nocturnos, elementos juveniles de alto rendimiento, como algunos jóvenes canteranos del Veracruz; en fin, gente hay para echar arriba, pero pocos piensan en su seguridad, no tanto en que alguien saldrá en el baño para plantarles un balazo en la cabeza, pero qué tal las broncas a puño limpio en las afueras de los antros o los accidentes automovilísticos tras las trasnochadas.
Es cierto, los atletas también son seres humanos, sólo que también sus responsabilidades son diferentes al individuo promedio y constantemente se olvidan de esto y se pasan la navaja del riesgo muy cerca del cuello.
Hasta la vista.

fhernandez1980@gmail.com

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