viernes, 1 de enero de 2010

Cuatro uvas…

Salvador Muñoz
Los Políticos

En mi mesa pusieron doce uvas… eran para pedir mismo número de deseos para este año que nace.
Mi gula me venció y sin darme cuenta empecé a comerlas. Cuando sonaban las doce campanadas que daban fin/principio al año, me di cuenta que tenía sólo cuatro uvas.
–¡Rápido! ¡Piensa! Son cuatro deseos los que tienes y debes aprovecharlos…
Pensé en el Play Station 3 que es la sensación de los chavos… en una camisa de Linterna Verde o de perdis ir más seguido al cine.
–¡No! Es muy baladí todo eso… sé más profundo…
Vino a mi mente el niño de trece años que estuvo trabajando esa tarde en la casa, acompañando a su padre, el albañil que pone una cerca de protección para evitar a los pinches cacos que florecen cada día como yerba mala. ¡Tiene trece años y parece de nueve! Puede no extrañarme pues su padre, Beto, desayuna, come ¿y cena? acompañado de una coca (familiar, para no extrañar a los seres queridos), por lo que me imagino que la dieta ha de ser similar en su casa… recuerdo los ojos del niño/joven cuando mi esposa le da 50 pesos (extra) por haber ayudado a su padre: ¡Se abrieron como platos con un alegre “gracias” mientras guardaba rápido el billete en su bolsillo. Más se abrieron sus ojos cuando antes de irse, como a las seis o siete de la noche de ese fin de año, pudo ver el pavo en la mesa.
Era mi primera uva: Gracias por darnos pero da más a los que necesitan…
Me faltaban tres uvas…
Vi a mi fiel (ése sí, fiel) Harry durmiendo en el sofá. Siempre he pensado en la suerte que tuve de encontrarlo pero más en la suerte de él en encontrar una familia que lo quiera. Y no pude evitar recordar ese mal olor a podrido, a muerte, a abandono, a mala suerte, a maldito chofer con prisa, sin sentimiento, que atropelló al perrito que, me dice mi cuñada, yacía a un costado de un tramo de la calle de Camino Antiguo a Naolinco donde no hay banquetas… hoy fue un pobre perro, ¿y cuando sea un cristiano? Entonces actuará nuestra pobre autoridad para hacer de ese paso un lugar seguro para el peatón… es el mismo punto donde por las noches o tardes me encuentro a un caballo vagando en la calle.
Pudo ser mi segunda uva: Cuida a todos los seres vivos: perros, gatos, ratas, insectos, serpientes, todos, de la estupidez humana y su insensibilidad…
Me quedaban dos uvas… dos deseos y las campanadas avanzaban…
Mis hijos no estaban conmigo… pasaban el fin de año con sus abuelos maternos… tengo una joven de 18 años… y un muchacho de quince. ¡Por supuesto! Eran mi tercer uva: Señor, líbralos de gente como los amigos que tiene y defiende Juan Manuel Velázquez Yunes. No permitas que nadie ni nada les haga daño, ni la influencia ni el poder corrupto por la lujuria y el dinero…
Una uva y eran menos las campanadas…
¡Ya sé!
Sabemos todos que será un año aún más difícil… los nuevos impuestos, las nuevas promesas de nuestros políticos… creo que debemos entender que no importa quién esté en el poder, PRI, PAN, PRD, Convergencia… el caso es el mismo… los seguimos sufriendo porque ninguno es capaz de anteponer al pueblo antes que a sus intereses.
Nuestro dinero se hará cada vez más pequeño, sólo dependerá de cada uno de nosotros sobrevivir, trabajar más, ahorrar más… los milagros no existen (al menos nada más existe uno: el milagro de no levantarnos para aprovechar el Bicentenario) y los golpes de suerte son muy pocos.
Gas LP, gasolina, IVA, IDE, ISR, tortilla, canasta básica… y todo lo que venga… se va a complicar un poco más a lo que se vivió en el 2009 y en todos los años anteriores…
Por eso, sólo por eso, mi última uva fue para nuestras autoridades, desde las municipales hasta las federales; desde nuestros diputados locales hasta nuestros senadores:
–Señor, permite que la mierda que tienen en la cabeza se disipe y entiendan de una vez por todas que son nuestros empleados, no nuestros mesías, no nuestros salvadores, no dioses… amén.
¡Feliz año nuevo!

e-mail: dor00@hotmail.com

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