domingo, 23 de octubre de 2011

Delincuentes y vecinos

Salvador Muñoz
Los Políticos

Medio estacionamiento radiaba la noche del sábado. Desde la sala, la luminosidad se percibía. Parecíamos dos niños mi esposa y yo asomándonos por la ventana y viendo el resplandor. Estábamos felices... mejor aún: nos sentíamos seguros.
Nuestra lucha contra la delincuencia se ha ido apoyando desde distintos puntos que refuercen la seguridad de nuestro hogar aunque debe creerme el lector que el peor enemigo que puede tener un ciudadano, no se encuentra entre los malandros, cacos, ratas, ladrones y demás fauna nociva de nuestra sociedad... el enemigo a veces puede ser el vecino.
Le cuento y una vez que haya acabado, sólo espero que usted no viva la misma situación vecinal que yo:
Vivo en un edificio de condominios. Son diez departamentos los que hacen la vecindad.
Un día, la CFE eliminó la toma de corriente que alimentaba a los focos que iluminaban las escaleras. La razón, la desconozco. Entonces, un vecino se prestó a hacer un contrato ante la CFE para que nos devolvieran el suministro y hubiera de nuevo luz en las escaleras. El primer recibo hizo irme de espaldas: Lo que había que pagar, dividido entre los diez departamentos, era más de lo que pagaba al mes por consumo. No fui el único que rechazó pagar tal cantidad. Nos desconectaron de nuevo la corriente y en la casa, hicimos lo más fácil: sacar una lámpara, con sensor de movimiento, en nuestro paso por las escaleras. Así, la lámpara no sólo da servicio a mi familia, sino a cada vecino que pasa por allí a sacar las llaves de su casa, a echar novio, incluso, hasta para platicar con el amigo. Está de más decir que somos los únicos que mantenemos ese servicio.
Con el primer intento de robo en la casa, pusimos un cerrojo más. Incluso, pedimos a los vecinos que no dejaran abierta la puerta de acceso al edificio. Sin embargo, sencillamente les valió madres. Con el segundo intento de robo, hubo un cerrojo más y la misma petición a los vecinos que igual, se fue por el caño. Al encontrar una ganzúa rota en el cerrojo, pretendimos hacerle el gasto a Arturo Bermúdez con sus sistemas de alarma pero la verdad, se nos hizo un poquito excesivo para nuestro bolsillo el presupuesto de GPA y contratamos una alarma más económica.
Dos o tres vecinos entendieron las bondades de mantener cerrado el acceso al edificio. Entonces, la correspondencia era botada al suelo. Fue que pusimos un buzón a la entrada que todo mundo preguntó costo, presupuestos para poner uno... al final, en la puerta, mi buzón se volvió comunitario y en mis días libres, la hago de su cartero.
La puerta ya no se deja abierta después de que a una vecina, la del segundo piso, le robaron en su departamento a plena luz del día así como al estudiante del primero piso. Entonces, instalaron estúpidamente un brazo mecánico para que se cierre la puerta de acceso al edificio y un letrero que dice “Favor de mantener cerrada la puerta”. Vaya... después del niño ahogado...
Un problema al que nos hemos enfrentado cotidianamente los vecinos de Jardines de Xalapa, es el desabasto de agua. Al menos, una vez a la semana, sea un viernes, sábado o domingo, nos falta.
En una ocasión, después de cuatro días sin abasto, los vecinos, como protesta, bloquearon la principal avenida que va al Sumidero. Claro que el problema fue por fuerzas ajenas al ayuntamiento pero que de igual forma, tuvo que resolver.
Pero lo cotidiano es que mínimo, una vez a la semana estemos sin agua.
Platicamos con vecinos sobre la opción de poner un tanque, tinaco o receptor de agua en la parte baja del edificio. Incluso, me ofrecí a hacerles la base a uno de ellos. Su respuesta fue que les “quitaría vista”. Platiqué con el vecino del quinto piso y le ofrecí hacerle la base para que pusiera su propio tinaco. No quiso. Ante la negativa de los vecinos, optamos por una solución más sencilla: ocupar el cubo de las escaleras, hasta el quinto piso, cuyo espacio es de todos y a la vez de nadie.
Hoy, domingo por la mañana, hice mi entripado del día: el vecino del quinto piso, quejándose porque pusimos el tinaco. Le dije que no estaba sobre su losa, que no le afectaba y seguía quejándose.
Tras los cristalazos que varios vecinos recibieron en sus carros, previendo un ataque similar, pusimos una lámpara que ilumina el estacionamiento maravillosamente. Nos sentimos seguros, contentos, a salvo... y llegamos mi esposa y yo a esa triste conclusión: Para combatir a la delincuencia, primero hay que combatir a la desidia del vecino.

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