viernes, 4 de mayo de 2012

Un pueblo “feliz”

Salvador Muñoz
Los Políticos

Mi madre dice que cuando nací, traía un tesoro... vamos, no era la torta bajo el brazo ni una estrella. Es más, estoy seguro que también, lector, en su génesis, tuvo el mismo tesoro que yo.
Muchos llaman “Inocencia” a este tesoro. Nuestro mundo es fascinante, arquetipo de comarcas waltdisneydianas, es el paraíso prometido, el edén, la tierra de Nunca Jamás sin piratas... que demasiado pronto desaparece ante el embate fuerte, recio y firme de una nalgada que nos despierta y hace ubicarnos en nuestra realidad...
A través de esa nalgada empieza el robo de nuestra “inocencia” y sabemos que el llanto entonces ha de ser parte de nuestra vida... lloramos por hambre, por estar miados o cagados, porque tenemos frío o calor, o porque no vemos al ser querido... actos que, sin querer, siguen robando nuestra “inocencia”...
II
Ha de cuestionarme por qué canijos pongo entre comillas “inocencia”... ¡ah! es que a veces, la “inocencia” pasa a ser sinónimo de ingenuo, de tonto y hasta de ignorante.
He de tomar el último punto bajo un silogismo tan simple como quizás, poco creíble pero no por ello divertido: La ignorancia es una forma de felicidad y el conocimiento es una forma de ir perdiendo inocencia. Luego entonces, quien conoce, no es feliz.
Imagine el lector a un pueblo educado, con criterio propio, con conocimiento de causa, inteligente y listo; sediento de saber, de aprender, consciente de su comunidad y de la importancia del bienestar común... sencillamente no sería feliz viendo a los hijos de la fregada que en este momento nos gobiernan y pretenden gobernar...
III
A lo mejor yo esté mal, pero tengo la sensación de que somos un pueblo ignorante. Eso no es lo catastrófico... somos un pueblo ignorante e infeliz porque (creo) confundimos el concepto eudomónico con pequeños triunfos, minúsculas metas, enanos objetivos como son “¡Es viernes!”; “¡Noche de antro!”, “¡Ganó el América!”, “¡Vamos al cine!”, “¡Chingue su madre el gobierno!”, y los que usted quiera agregar y crea merezcan estar en este estatus.
Y me dirá usted... ¿Y a qué viene todo este pinche teatro de inocencia, ignorancia y felicidad? ¡Pues al debate que se ha dado entre ver el debate de candidatos y ver batirse al Morelia contra Tigres! (por supuesto: descartado “Pequeños Gigantes”)
IV
He de confesarle algo... yo no he de ver el debate.
No, no, no, no... mi pasión por el fut no llega a tanto para ayudar a Salinas Pliego a esponjar su puto ego e inflar su mierda ratting... disculpen los exabruptos, pero a veces es necesario expulsarlos.
Tampoco he de perder el debate por irme al cine o simplemente ver una película en cualquiera de los canales que el cable nos ofrece.
¡Vaya! mucho menos he perdido el interés periodístico o morboso de ver a quién le rompen la madre con argumentos o ver quién dice más sandeces que el que escribe.
Además, fueran las razones que sean para no ver el debate, es parte de ese derecho llamado libre albedrío del que todavía podemos gozar un gran grueso de la población... por eso yo entiendo si usted el domingo sencillamente aplica un zapping a la hora del debate y busca otro canal.
Pero mis razones para no ver el debate este domingo son más sencillas... no hay tele en la oficina a la que acudiré este domingo por la noche.
V
No obstante ello, he de confesar que quizás no sea necesario verlo. Tengo entre dos candidatos mi voto y no creo que por mucho que se diga o haga, altere esa duda que tengo y que he de solucionar el primero de julio cuando esté frente a la boleta.
Y quizás no gane el candidato por el que usted vote... y entonces ha de maldecir a esas personas que se abstienen de sufragar porque son “felices”, pues realmente no les importa quién nos gobierne, porque a ellas, las abstencionistas, les valdrá madres su rumiar, su bilis y coraje de tener conciencia de que nuestra democracia se basa en mantener a un pueblo “feliz” con telenovelas, futbol, redes sociales donde echar nuestros venenos y para “los más felices”, para “los más radiantes”, para “los seguidores del eudemonismo”, decenas, centenas, miles de programas sociales que les quiten la preocupación de hacer las cosas por uno mismo... ¿para qué? para eso está papá gobierno y mamá telecracia.
Hoy, sólo por hoy, no le pido que sea “feliz”.
PD Votar como borrego es una forma de inmensa “felicidad”...
Buen fin.

No hay comentarios: