viernes, 19 de abril de 2013

El virreinato se desmorona

Roberto Morales Ayala
Zona Franca
Javier Duarte enfrenta un escándalo mayúsculo porque no todos los días se descubre que el secretario de Finanzas, el delegado federal de Sedesol, el ex secretario de Salud y una veintena de priistas usan los programas social para hacer proselitismo electoral. Se sabe pero no siempre se puede demostrar.
Al gobernador de Veracruz, pues, se le ha venido el mundo encima porque el uso de esos recursos es un delito grave, porque despojan a la gente de los beneficios de Oportunidades, a los adultos mayores de 70 y Más, a los niños de la leche de bajo precio. Y todo porque el PRI los requiere para tener a su gente leal gozando de esas prebendas que les quitan a los demás.
O sea, Duarte y los priístas se valen de los programas sociales para garantizarse una buena temporada en el poder.
Siempre lo han hecho así y han sido impunes. Nadie los ha podido frenar porque además de disponer de todos los instrumentos para robar el dinero de los programas, son los dueños del aparato judicial y eso les da el beneficio de la complicidad.
Lo que cambia las cosas, y hoy es motivo de un escándalo que le da la vuelta a México y que señala a Veracruz como un estado donde los recursos para los pobres se pervierten para la causa de un partido, el PRI, es que el precandidato del Partido Acción Nacional a la alcaldía de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez, lo pudo documentar.
Yunes Márquez exhibió públicamente un video y una serie de audios en que se observa y escucha a funcionarios y ex funcionarios del gobierno de Veracruz, priistas y mandos superiores de la delegación de la Secretaría de Desarrollo Social federal, implementando un operativo para excluir a beneficiarias y vocales que no le sean afines al PRI y conformando las estructuras priistas, mediante la falsificación de actas para acreditar su “legalidad”.
En el escándalo aparecen los nombres de Pablo Anaya Rivera, ex secretario de Salud del gobierno duartista y ahora coordinador regional del PRI para la zona Veracruz-Boca del Río; Salvador Manzur Díaz, ex alcalde de Boca del Río y ahora secretario de Finanzas del gobierno estatal; Raúl Zarrabal Ferat, ex secretario de Comunicaciones de Veracruz y actual precandidato del PRI a la alcaldía de Boca del Río; Antonio Tarek Abdalá Saad, tesorero del gobierno duartista y ex tesorero del DIF en tiempos de Rosa Borunda de Herrera; Ranulfo Márquez Hernández, delegado de SEDESOL en Veracruz, ex secretario de Protección Civil y ex líder del PRI estatal en tiempos de Fidel Herrera Beltrán; seis mandos medios de la SEDESOL federal en la entidad y operadores priistas.
Por la contundencia de la denuncia, que además ya fue interpuesta ante la Procuraduría General de la República, Javier Duarte tiene un problema mayor, que va desde su implicación legal, pues varias veces se le menciona en los audios como el cerebro de esta operación, hasta la posibilidad de quedar atado de manos para desarrollar el fraude electoral que le permita ganar al PRI el Congreso de Veracruz y las principales alcaldías.
En otros tiempos, un episodio así habría sido un día de campo para Javier Duarte. Pero hoy es distinto.
En los tiempos de Fidel Herrera como gobernador de Veracruz, el fraude era la moneda de cambio para resolver los episodios electorales y para mantener al PRI en el gobierno, el Congreso y los ayuntamientos. Se robaban los programas sociales de forma similar a como lo intentaron hacer ahora, y siempre había una coartada ideal para escabullirse de la justicia.
En cada elección, durante el fidelismo, la oposición partidista gritaba que había fraude, lo documentaba y lo demostraba, pero no prosperaban sus denuncias.
Fidel Herrera tenía una excusa. Decía que era al revés, que era el gobierno federal panista el que intentaba apropiarse de los programas federales; que Felipe Calderón y sus funcionarios panistas eran los que venían a Veracruz a violentar la democracia y a imponer un modelo de gobierno que iría en detrimento de los veracruzanos.
Cuántas veces Fidel Herrera acusó al PAN de usar Oportunidades para hacer proselitismo electoral; de manipular a los adultos mayores con el programa 70 y Más; de usar el abasto de leche a precio popular destinada a los niños y lactantes; de negociar las becas, los programas de vivienda, los pisos firmes, los recursos para impulsar granjas ecológicas, etcétera y etcétera y etcétera.
El repertorio de Fidel Herrera era variado y nutrido. Como los mitómanos empedernidos, el gobernador acusaba a todos de los delitos que él cometía. Si él operaba un fraude, decía que el PAN operaba un fraude; sí él se robaba una elección, decía que el PRD se robaba una elección.
En eso de descargar culpas, Fidel Herrera era un experto. Sin embargo, cuando se trataba de evidenciar que alguien usaba los programas sociales con fines electorales, el ogro favorito era el gobierno de Felipe Calderón, y antes el de Vicente Fox, que nunca lo pudieron o quisieron enfrentar la verborrea enfermiza de Fidel y evidenciarlo.
Duarte fue parte del equipo compacto, de la cúpula fidelista, que se robó tres elecciones mediante el uso de recursos públicos, incluidos los programas sociales, en las barbas del panismo que nunca supo cómo desarticular las maniobras de Fidel Herrera para asegurarle votos ilegales al PRI.
Ser el virrey de Veracruz tenía sus ventajas. No había un presidente priísta que le dictara qué hacer y, en cambio, al presidente Calderón y a su antecesor Fox, los acusaba de usar Oportunidades para robarse votos y de transgredir los códigos y las leyes electorales. De ahí la frase que lo marcó para siempre: “Estoy en la plenitud del pinche poder”.
Hoy es distinto. A Javier Duarte y su equipo cercano, a Manzur, a Pablo Anaya, a Ranulfo Márquez, a Zarrabal, todos fidelistas y duartistas, que al cabo son lo mismo y provienen del mismo tronco, les cayeron con las manos en la masa, agravado esto porque quien los denuncia es Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del enemigo más odiado de la fidelidad, Miguel Ángel Yunes Linares.
El escándalo ha sacudido a la familia priísta. Tiene al PRI nacional en ascuas. La opinión pública condena tanto cinismo para disponer de recursos públicos para sostener a un partido tramposo en el poder.
El gobierno de Veracruz se cae a pedazos. Su imagen se destiñe. De nada sirven los millones gastados para mejorarle la imagen al gobernador Javier Duarte, y sobre todo para sofocar las críticas de la prensa nacional, si en cada desatino se observa la fragilidad y el desmoronamiento del virreinato jarocho.

(romoaya@gmail.com)(@moralesrobert)
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