lunes, 22 de abril de 2013

Fidel de los escándalos

Roberto Morales Ayala
Zona Franca

Reza un viejo adagio popular que “lo que no mata engorda”, y entre los políticos suele decirse que “golpe que no mata, fortalece”, aunque no falta quien recite que “golpe dado ni Dios lo quita”.
Como la maestra Elba Esther Gordillo, Fidel Herrera Beltrán es un personaje emblemático y muy singular de la corrupción política mexicana, que lo mismo se beneficia escandalosamente del endeudamiento a que somete a sus gobernados o que se roba elecciones para perpetuarse en el poder imponiendo a sus cómplices.
En medio de una nueva tormenta, a Fidel le reviven la vieja sombra de sus vínculos con el narcotráfico, razón por la que se explicaría que el grupo de Los Zetas se hubiera apoderado del territorio veracruzano, con un escenario de violencia brutal, crímenes por aquí y por allá, secuestros, ejecuciones, mutilados y el consecuente estado de terror en que la sociedad ha vivido desde que el de Nopaltepec comenzó a vivir en “la plenitud del pinche poder”.
Reforma, un periódico que no entra en el club de medios billeteados por la fidelidad y el duartismo, le actualizó la hipótesis de que Fidel llegó al poder de la mano del narcotráfico. Citó una declaración de un testigo, José Carlos Hinojosa, preso en Estados Unidos, que asegura que Herrera Beltrán recibió 12 millones de ellos para su campaña como candidato del PRI al gobierno de Veracruz, en 2004.
Ese personaje sostiene que en ese entonces era contador del Cártel del Golfo y que el dinero le fue entregado a Francisco Colorado Cessa, alias “Pancho Colorado”, uno de los empresarios consentidos del régimen fidelista.
Las instrucciones para la entrega de dinero las recibía de Efraín Teodoro Torres, el Z-14. El objetivo era financiar la campaña del candidato priista. No menciona en su declaración a Fidel Herrera Beltrán, pero el único candidato del PRI a esa gubernatura, ese año, era Fidel.
La defensa de Fidel es, como siempre, de saliva. Se deslinda de palabra. No niega su cercanía con Pancho Colorado y reitera que se trata de una calumnia. Pero de ahí no pasa. Y palabra contra palabra, el ex gobernador sale perdiendo.
Los escándalos, sin embargo, son el sello de Fidel. Fue atrapado cuando dictaba línea a los candidatos a diputados y alcaldes, en 2010, alardeando de su poder, como lo hizo con Renato Tronco Gómez, que le demandaba 10 millones para una supuesta carretera hacia un poblado en que tendría una buena cosecha de votos, o aquel diálogo con un editor musical, “Fogoso”, al que le dijo que Javier Duarte andaba reapendejado, o la charla donde decía que el periodista José Pablo Robles era un succionador. Todas, para desgracia de Fidel Herrera, se las grabaron y luego el periódico Excélsior las detonó.
Se le vino el mundo encima cuando impuso a Javier Duarte como gobernador. La prensa lo exhibió y la familia priista se asombró del descaro con que operó, al precio que fuera porque para estaban las arcas del gobierno. Pero de ahí no pasó.
Sin duda, uno de los episodios marca Fidel que significó a su gobierno fue la muerte de Ernestina Ascensión, una indígena de la tercera edad de la sierra de Zongolica, violada y muerta a manos de militares. El dictamen del forense decía que presentaba lesiones internas por el ultraje, incluso heridas con algo filoso.
Cuando salió a la luz, Fidel Herrera quiso limpiarle la imagen el Ejército. El presidente Felipe Calderón dijo que sabía que Ernestina Ascensión había muerto por un cuadro de gastritis. Y entonces Fidel Herrera ordenó que los médicos legistas fueran cesados y el dictamen fue modificado, provocando una tormenta.
Uno de sus más sonados escándalos ocurrió con la muerte del asesor de indígenas de la sierra de Soteapan, Ramiro Guillén Tapia, quien se inmoló en Plaza Lerdo, frente al palacio de gobierno, en Xalapa, tras la reiterada negativa del equipo de negociadores de la Secretaría de Gobierno de Veracruz a atender su problema de tierras, suscitando un escándalo internacional, pues las imágenes del hombre entre las llamas fueron captadas, transmitidas por todas las televisoras y difundidas por internet.
A Fidel lo han asociado con pederastas como Kamel Nacif Borge, “El Rey de la Mezclilla”, aquel que fuera pillado en una grabación con el gobernador de Puebla, Mario Marín, “El gober Precioso”, tramando cómo detener y amedrentar a la periodista Lydia Cacho por sus libros sobre el abuso de políticos contra menores de edad. Kamel Nacif era señalado de haber financiado parte de la campaña de Herrera Beltrán al gobierno de Veracruz y a cambio tendría vía libre para vender energía eléctrica a municipios a través de la empresa Proenermex.
También se le ligó con el lavador de dinero Zheli-Ye-Gon, al que le hallaron 200 millones de dólares, 18 millones de pesos y 200 mil euros en su casa de la Ciudad de México. Le apareció una credencial como “senador honorario”, expedida por un tal Fidel Herrera Beltrán, entonces senador por Veracruz.
Entre los escándalos están los 2 mil tractores que supuestamente donaría la firma china FOTON, a cambio de la entrega del Agrocentro Siglo XXI, mejor conocido como El Armadillo, pero que luego se descubrió que no serían donados sino adquiridos por el gobierno de Veracruz, sin que nadie sepa su paradero.
Cientos de cuartillas le ha dedicado la prensa nacional al desastre administrativo de su gobierno, la deuda de 40 mil millones que heredó y el robo de las elecciones para imponer a su sucesor, Javier Duarte.
Pero, de todo, sus mayores escándalos versan sobre el narcotráfico que floreció durante su gobierno. “El narcogober” le tilda la prensa internacional y es cliente consentido de los periodistas nacionales que no cesan de señalarlo como un consentidor de los grupos del crimen organizado que sentaron sus reales en Veracruz, al amparo de Fidel.
Ahora se revive la historia. Cuando el gobierno norteamericano detuvo a lavadores de dinero de Los Zetas, mediante el negocio de los caballos de carreras, salió a relucir el nombre de Pancho Colorado. Días después, Herrera Beltrán era balconeado, montado a caballo, junto al señalado lavador. De ahí siguió el señalamiento de que Colorado Cessa era uno de los contratistas consentidos del entonces gobernador de Veracruz.
Lo único que le faltaba era que un operador financiero del narco, como José Carlos Hinojosa, dijera que la campaña de Fidel Herrera se había financiado en parte, cuando menos con 12 millones de dólares, con dinero del Cártel del Golfo.
Por supuesto, Fidel lo desmiente. El problema es que alguien le crea. Fidel confía en que lo que no mata, engorda, y que golpe que no mata, fortalece. Los veracruzanos, en cambio, saben que palo dado ni Dios lo quita.
(romoaya@gmail.com)(@moralesrobert)
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