miércoles, 27 de noviembre de 2013

Nos gobiernan los hombres y no las leyes

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Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel

El pasado 23 de noviembre fue Día Mundial contra la Impunidad, y si todo el mundo conoce lo que ella significa y representa, ¿pa’ qué mostrar las estadísticas y los recuentos? Siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo: impunidad me huele a inmunidad y a inmundicia. Taylor Caldwell expresó que cuando un gobierno difama, destruye y asesina, lo puede hacer con toda impunidad, porque ahora nos gobiernan los hombres y no las leyes. ¿Será posible? Clarines que sí, y en esta sociedad podrida, tal parece que la esperanza de la impunidad es para muchos hombres una invitación al delito, dijera Pierre Villaume. Aunque hay por ahí quienes se empeñan en lo contrario, en dar un lucecilla de esperanza pero no a la impunidad. 
 ¡Qué enfermos estamos! Al menos a mí me enferma la impunidad, como al escritor Javier Marías. Algo tenemos que hacer; mínimo no cruzarnos de brazos. Porque, finalmente, tendríamos que decir, con Carlos Monsiváis: “Quédate con los honores, Presidente, que cuando termine tu mandato, yo me quedaré con la impunidad”.
 Y la impunidad tiene su parentela, como la discriminación que no tiene pa’ cuando acabar. Hay muchos casos registrados, aquí y en China. Ahí están también las estadísticas. Por ejemplo, dice el titular de la Unidad de Desarrollo social De la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Pablo Yanes, que en México y América Latina existe una alta correlación entre la desigualdad y la discriminación, y recomendó a los gobiernos incorporar en la elaboración de sus políticas sociales y económicas la voz de todos los grupos excluidos, discriminados y desiguales. ¿Ya valimos?
 Incluso ahí están “los casos de los pueblos indígenas, cuya marginación se ha profundizado y prácticamente petrificado, no sólo por un problema de redistribución de la riqueza, también por la profunda discriminación que persiste desde la elaboración de las políticas gubernamentales hasta la ideología y la visión cultural que reproduce la clase dominante”. (La Jornada/9-10-13). ¿Será?
 Bien lo expresó William Faulkner: “Vivir en cualquier parte del mundo hoy y estar contra la igualdad por motivo de raza o de color es como vivir en Alaska y estar contra la nieve”. Pos sí, pero somos testarudos.
 Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), las prácticas como la intolerancia, la discriminación y el racismo, son cotidianas y a veces imperceptibles para quien las causa o recibe, de ahí que cualquier persona o grupo pueda emitir y/o recibir algún trato desfavorable e inmerecido a causa de ciertos prejuicios y tolerarlo por no darse cuenta. Ciertísimo; incluso hasta nos miran con ciertos ojos…
Y según Parametría, tal vez los mexicanos no se percaten de la intolerancia y discriminación de la que son víctimas y victimarios; la población rechaza en gran medida a las personas con cierto aspecto físico, las menos religiosas o ateas, y aquellas consideradas pobres o con menor poder adquisitivo. Ajá, pinche prole, ¿no?
Como dicen que dijo Samantha Aguilar Alegre, la ex Reina del Carnaval de Xalapa y demás currículo, “maestros mugrosos y campesinos apestosos, feos e infelices”. Lindo, lindo, lindo…
En mi caso, lo digo con la escritora canadiense Margaret Atwood, “espero que las personas finalmente se den cuenta de que sólo hay una raza -la raza humana- y que todos somos miembros de ella”.

Los días y los temas
Preciso, directo y atento, como suele ser. La comparecencia del Secretario de salud, Juan Antonio Nemi Dib, fue nutritiva, vaya. Incluso hasta les dejó tarea a los diputados. Nomás les dijo: “Es urgente plantear un nuevo marco jurídico en materia de salud que busque dar respuestas a los problemas actuales, y que prepare lo que viene mediante una legislación moderna. Debe actuarse para superar ineficiencias e inequidades y dar satisfacción y seguridad a los usuarios. Este propósito sólo puede construirse, no se trata de un destino inevitable y por ende, se requiere del compromiso y la acción de todos.
“Necesitamos un marco jurídico que conceda, por ejemplo, más facultades a los ayuntamientos en materia sanitaria, que regule eficientemente, con transparencia, sin dar lugar a interpretaciones, asuntos como trasplantes, subrogación de útero, cuidados paliativos, eutanasia, y tantos otros temas que reclaman actualización conceptual”.
Por lo pronto, ahí se ven.
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