viernes, 17 de enero de 2014

Mi reino por una torta… de La Rielera

Roberto Morales Ayala
Zona Franca

Esto es serio aunque no lo parezca. Y es que tan grave es usar las aeronaves del gobierno de Veracruz para paseos familiares, como enviar un helicóptero oficial, de altísimo costo, por unas tortas de La Rielera, un expendio de comida popular, en la Córdoba que vio crecer al hoy gobernador Javier Duarte de Ochoa.
Duarte enfrenta su enésimo escándalo —y por supuesto, no será el último— al saberse que uno de los helicópteros, un Bell Trexton, modelo 430, blanco con las insignias del gobierno de Veracruz, matrícula XC-VER, era usado por uno de los pilotos para darle su paseíto a la familia.
El asunto lo documentó la revista Proceso. Noé Zavaleta, su corresponsal, refirió que fue el mismo piloto de la aeronave, Alex Wartenveller, quien subió a su cuenta de la red social Facebook la fotografía de su hijo sentado en el espacio de copiloto del helicótpero del gobierno de Veracruz. En el paseo participó su esposa, Ana Sánchez Caraza.
El paseíto lo remató con una expresión por demás explícita: “Espero que les haya gustado la vuelta que dimos en helicóptero”.
El hecho ocurrió el domingo 12 y el comentario en Facebook, según la información de Proceso, se dio horas después.
Las fotografías y los detalles del viaje familiar del piloto Alex Wartenveller, refiere Proceso, fueron filtradas a los periodistas por empleados menores del área de aeronáutica del gobierno veracruzano. La fuentes hacen responsables de esas irregularidades a funcionarios de la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas, entre ellos Gabriel Alejandro Sánchez Domínguez, director general de Aeronáutica y Miguel Pablo Sastré, jefe de departamento de Control de Vuelos.
O sea, los vuelos familiares en aeronaves del gobierno veracruzano, son cosa común. Lo sabe todo mundo. También los emplean para envíos de millones en efectivo con sospechoso destino, como aquellos 25 millones de pesos en efectivo que fueron inmovilizados por la policía federal, que se volvieron la comidilla de la sociedad, que da por sentado que ese dinero era para algo ilícito y no para acciones de gobierno.
 Por supuesto, ante semejante bochorno, el gobierno inició una triste defensa. Envió a Alejandro Morales Reyes, responsable del área de aeronáutica, a decir que el helicóptero Bell Trexton, modelo 430, matrícula XE-VER (la información de Proceso citaba la matrícula XC-VER), no tuvo actividad el domingo a que se hace referencia; no realizó ningún vuelo y permaneció en los hangares del aeropuerto El Lencero, a unos kilómetros de Xalapa, la capital veracruzana. Eso dice la postura oficial.
Dijo que la persona a la que se hace referencia (Alex Wartenveller) no trabaja en a Dirección de Aeronáutica del gobierno de Veracruz y que “la foto de referencia fue tomada con la nave en tierra y en ningún momento se utilizó para un vuelo particular, lo cual consta en las bitácoras oficiales en las que hay un puntual registro del movimiento y uso de las aeronaves”.
Con el agua en el cuello, y con el escándalo arrastrándolo, Javier Duarte quiso apagar el incendio echándole gasolina. La simple aclaración del gobierno, vía el funcionario Alejandro Morales Reyes, es similar a disparar una bala y dar en el pie del gobernador.
Si Alex Wartenveller no trabaja para el gobierno de Veracruz, cualquiera se pregunta qué hacía su hijo sentado en el espacio del copiloto en el helicóptero de referencia, según apareció en la red social Facebook cuando comentó que había llevado a la familia a un paseo por la nubes y que remataría con un concreto: “Espero que les haya gustado la vuelta que dimos en helicóptero”.
Pero más allá de que el escándalo del helicóptero Bell Trexton del gobierno estatal se vea como lo que es: la distracción de vehículos oficiales en asuntos triviales, está el desvío de recursos oficiales y por consiguiente, un obvio peculado.
Wartenveller es la pieza clave. Si no trabaja para el gobierno veracruzano, es evidente que por alguna razón dispone de las aeronaves oficiales.
 La otra vertiente de la información de Proceso que tuvo un aspecto tan explosivo como chusco, fue saber que el gobernador de Veracruz, tan atado a sus antojos, envía los helicópteros oficiales a la ciudad de Córdoba a cumplir con una tarea tan prioritaria como es la compra de tamales para el demandante gusto del mandatario.
“Columnistas de Veracruz han consignado que las aeronaves del gobierno de Duarte también han sido utilizadas para complacer los gustos gastronómicos del político priista, quien desde palacio de gobierno ha encargado en varias ocasiones que le traigan tortas del expendio ‘La Rielera’, ubicado en su ciudad natal Córdoba”, dice la información de Noé Zavaleta.
 Su apetito es de sobra conocido por los veracruzanos, sobre todo por quienes trabajan en su gobierno.
Tenía dos meses en el gobierno de Veracruz cuando exaltaba las tortas de “La Rielera”. En enero de 2011, el periodista Delfino Hernández Jiménez, en su columna Balcón Central lo relataba así: “Pero por si se duda de la sencillez del gobernador Duarte de Ochoa, ahí les va un pequeño ejemplo: en su llegada a Córdoba recordó el buen sabor de las ricas tortas de La Rielera en Peñuela”.
 Lo que nadie imaginaba entonces era que los helicópteros del gobierno de Veracruz servirían a la postre para volar, aterrizar en Córdoba, enviar al personal al puesto de tortas, adquirir las delicias de “La Rielera”, emprender el regreso y arribar de nuevo a Xalapa. Ahí estaba el antojadizo Javier Duarte ávido de degustar su muy particular manjar.
Por eso ahora lo comparan con Moctezuma, que según reseñó Bernal Díaz del Castillo, exigía desayunar pescado fresco, capturado en las playas del Golfo de México, en el Veracruz de hoy. En relevos, los tamemes recorrían los más de 300 kilómetros para que el emperador azteca colmara sus antojos.
Caprichos cualquiera los tiene. Pero los del gobernador de Veracruz son verdaderas excentricidades, pues el gasto que genera el vuelo de una aeronave es estratosférico. Se paga el combustible, se paga el personal, se genera un desgaste que obliga a un mantenimiento preventivo, se paga el uso de aeropuerto, los servicios de emergencia y todo aquello que implica una erogación bárbara, millonaria.
 Y mientras Javier Duarte anda en boca de medio México por el escándalo de los helicópteros, vuelven a reclamarle los proveedores de automóviles el pago de 12 millones de pesos por concepto de vehículos que usa su grupo cercano y que el gobierno de Veracruz no ha liquidado.
Qué grave que el gobernador se olvide de sus obligaciones y, en cambio, use los helicópteros para que le compren tortas en “La Rielera” de Córdoba.
Mi reino por una torta, diría el virrey de Veracruz.

(romoaya@gmail.com)(@moralesrobert)
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