viernes, 10 de enero de 2014

Una entrevista cualquiera

Brenda Caballero
Números Rojos

Esa mañana no quería levantarme, sin embargo, un gruñido canino pudo más que mi sueño y mi flojera: era Harry que quería salir a dar la vuelta. Medio zombie salí de la cama, me puse pants y tenis y a la calle. Creo la sudadera y la blusa no eran suficientes contra el méndigo frío que hacía esa mañana.
El termómetro marcaba 8 grados centígrados… mis manos y pies se congelaban por lo que traté inmediatamente de ponerme en movimiento. Aunque el frío se sentía peor que abrir el refrigerador, era hermosa la neblina que cubría el parque.
Y allí estaba… triste, cabizbajo, deshidratado, terriblemente afectado por el clima, que reflejaba resequedad. Al parecer no podía estar ni de pie, yacía totalmente en el suelo.
Siendo sincera, sentí un poco de pena y tristeza. Días anteriores lo había visto feliz, muy bien vestido, perfumado, hasta brillaba con luz propia.
¿Serían las nuevas reformas e impuestos? ¿la cuesta de enero?
Me detuve a su lado mientras le preguntaba: “¿Está usted bien? ¿Le puedo ayudar en algo?”
Con una voz bastante débil me dijo: “Estoy bien, gracias”.
Me agaché y me senté junto a él para escucharle mejor: “¿Está usted seguro que no quiere que lo lleve a algún lado?”
—Te agradezco pero no.
—Lo llevó a su casa…— insistí.
—No tengo casa; además, me queda poco tiempo de vida.
Al oír eso, me espanté aún más.
—Bueno, con alguna otra persona. ¿No tiene parientes?
Se hizo un hondo silencio y comenzó a contarme su historia: “Nací en las montañas. Aunque tenía muchísimos hermanos, mi nacimiento estaba planeado. Crecimos con muchos cuidados, no padecimos ni hambre ni sed. Años después nos vimos obligados a dejar el lugar donde nacimos y crecimos, pues un vehículo muy grande vino por nosotros. Por un momento pensamos que nos llevarían a los Estados Unidos de mojados, pero no, fuimos a parar a una gran bodega.
“El sitio era tranquilo, aunque conforme pasaban los días el bullicio se incrementó. Nos arreglamos bastante hasta vernos impecables, puesto que muchísimas familias iban a visitarnos.
“Noté cómo algunos de mis compañeros iban desapareciendo. Afortunadamente no los levantaron, sino que ellos mismos se iban en camionetas, autos y hasta en taxis.
“Por fin tocó mi turno: ¡una familia llegó a visitarme, me saludaron, me abrazaron y me llevaron hasta su domicilio!
“Unos minutos duró el recorrido. Me bajaron del vehículo y hasta me cargaron ¡Yo estaba feliz! Poco a poco sacaron muchas cajas de listones y arreglos. Los pequeñines empezaron a colocarme adornos en todo el cuerpo mientras reían felices. ¡Yo estaba emocionado!
“Al fin terminaron, lo noté por sus sorprendentes caras y además, porque en el grande espejo de la sala, me reflejaba todito ¡Qué hermoso estaba!
“Todos los días, al anochecer, prendían mis luces y se pasaban horas viéndome, maravillados. Aunque tenía sed, ver esos rostros contentos me la quitaba completamente.
“Unos días antes de una gran reunión, cada uno de los miembros de la familia me llevó un regalo y lo puso a mis pies. Realmente no eran para mí, era para cada uno de ellos que se los pasaban mientras se abrazaban con gran fervor y con los mejores deseos ¡Ese día fue uno de los más felices de mi vida! ¡me sentí como en familia!
“Todo iba excelente, hasta que hace unos días, llegó la Señora de la casa y empezó a quitarme todos esos adornos bonitos: las luces, los moños, las esferas, hasta la estrella que tenía en la parte más alta. Los niños voltearon a verme un poco tristes y le pedían a su madre no me quitara mi atuendo; sin embargo, la señora les comentó que así tenía que ser y que el próximo año irían por otro. ¿Por otro? Pensé ¿y yo?
“Pararon sólo algunos minutos cuando el señor que me había traído me sacó de la casa; ya no cargando, ¡sino a rastras! y me dejó aquí botado, agonizando. Ni siquiera volteó a verme cuando se fue. ¿Le parece justo? ¿Por qué si los hice feliz en días pasados me botan acá? ¿Por qué nos tiran a la basura?
“He escuchado que existen lugares donde nos reciclan para convertirnos en composta la que a su vez sirve para enriquecer la tierra que está en los camellones, parques, sierras. Si nos fueron a traer para hacerlos felices ¿Por qué no nos llevan allá y nos dan un descanso digno?"
Con todo lo que me decía mi querido Pinito, me quedé muda. No soy druida pero creo que lo abracé mientras comprobaba lo que dice la canción: Porque la vida es una tómbola tom tom tómbola / La vida es una tómbola tom tom tómbola / De luz y de color, de luz y de color.




Email: caballero_brenda@hotmail.com
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