miércoles, 26 de marzo de 2014

Pensar, Reflexionar, Analizar, Entender y Reconstruir el Sur

José Luis Ortega Vidal
Claroscuros

Los alcaldes de Minatitlán, Cosoleacaque, Jáltipan, Chinameca, Oteapan y Zaragoza –en el sur veracruzano- han creado el Grupo de los 6.
Se trata de un equipo de trabajo que busca atender problemáticas comunes como la inseguridad, los pasivos ambientales y la infraestructura de comunicación, con la aplicación de recursos y gestiones en conjunto.
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En un año sin elecciones el proyecto es viable.
De involucrarse -hoy o meses más tarde- el tema electoral, el grupo –o por lo menos sus objetivos- estaría condenado a desaparecer.
Ojalá no ocurra eso.
Por lo pronto los alcaldes se han reunido en cuatro ocasiones y ayer -en Minatitlán- dialogaron con el titular de Sedesol estatal, Jorge Carvallo; además de atender el tema de la división territorial que forma parte importante de la agenda en el área.
Para lograr el cometido del Grupo de los 6 se requiere -desde luego- de una actitud que apueste a la inteligencia y deje de lado el protagonismo político y los intereses particulares.
La historia ofrece argumentos contundentes para definir al Sur como una región integrada por diversas demarcaciones municipales pero dueña de un territorio, un pasado, un presente y un futuro irremediablemente compartidos.
Por tanto, es preciso:
Pensar el Sur.
Reflexionar el Sur.
Analizar el Sur.
Entender el Sur.
Visualizar históricamente el Sur.
Reconstruir el Sur.

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Ésta, bien puede ser la visión política que el Grupo de los 6 estructure y herede.
Para ello precisa convertirse en el Grupo de los 7, con la suma de Coatzacoalcos.
O de los 8, con la incorporación de Acayucan.
O de los 9, con San Andrés.
O de los 30, si pensamos en el resto de micro regiones: como la zona piñera de Isla/Rodríguez Clara; la selva del Uxpanapa/Jesús Carranza; la sierra de Soteapan y municipios indígenas aledaños; el resto de Los Tuxtlas; los municipios que pueblan los llanos acayuqueños.

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Los partidos políticos tienen la función de facilitar los procesos electorales y darle cuerpo a la vida democrática.
Más allá de esta labor, en forma contradictoria sus dirigentes suelen dividir a la ciudadanía e incluso provocar su confrontación, antes que animar la unidad en la búsqueda de un bien común.
Y es que, en la práctica, los partidos operan como catapultas de ambiciones e intereses mezquinos, básicamente económicos y financieros; además de alentar egos insaciables y profundamente destructivos.
Ello abona también a la inseguridad, al no existir una adecuada distribución de la riqueza y al perderse -periodo tras periodo- la agenda prioritaria de la región.

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Ocurre lo mismo con nuestro sistema económico.
Un ejemplo de esta contradicción histórica lo constituye el corredor industrial asentado entre Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosoleacaque, Nanchital, Las Choapas, Agua Dulce, Moloacán.
Los beneficios de este conglomerado en materia de generación de empleos son para todo el Sur pues allí operan personas y empresas a nivel de zona.
Empero, la pérdida de los bosques, selvas, pantanos, de fauna, flora, agua, representa una factura pagada también por la región y no sólo por los municipios anfitriones.

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Otro ejemplo lo constituye el Santuario de los Zopilotes del ejido “Las Matas”; un basurero a cielo abierto ubicado junto a la carretera transístmica, donde diariamente se arrojan más de mil toneladas de basura de Minatitlán, Coatzacoalcos y Cosoleacaque.
El daño –casi irreversible- al ecosistema del terreno perteneciente al municipio de Minatitlán, afecta a sus propietarios y al Sur en su conjunto.

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Hay más casos lamentables: el arribo del proceso de industrialización que -en teoría- nos debía conducir al desarrollo, se pagó con la desaparición de especies como el Jaguarundi -por citar un caso- un felino que se convirtió en pieza de museo gracias a la “generosidad” de Pemex; luego de que la explotación petrolera acabara con su hábitat.
Hoy, apenas es posible conocer este animal en el Parque del mismo nombre instalado entre los Complejos Pajaritos y Morelos.
Pariente del jaguar, del tigre, el Jaguarundi no tiene dónde vivir y reproducirse en lo que antaño fue su casa.
Su ausencia se explica y duele como la del Tucán, diversas especies de Loros, el Manatí, el Cangrejo Azul, miles de especies de flora y otros animales: debido al cambio de uso de suelo que vivimos desde el siglo XIX.
¿Valió la pena el intercambio?
Al paso de las décadas: PEMEX se ha privatizado, los empleos siguen siendo insuficientes, la pobreza aún campea como ama y señora; la inseguridad nos golpea cada día con más fuerza, los nichos ecológicos mueren uno a uno o en montón y la idea del desarrollo socioeconómico evolucionó de sueño a mito.

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¿No son, éstas, razones suficientes para pensar en equipo, en una planificación conjunta, en la construcción de una agenda de corto, mediano y largo plazo que contemple como prioridad el rescate del aire, el agua y la justicia social como elemento detonante del verdadero desarrollo?

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Veremos el camino del Grupo de los 6.
Deseamos que sus afanes no resulten flor de un día.
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