domingo, 13 de julio de 2014

Caso Maryjosé Gamboa: "A mis amigos, justicia y gracia"

Armando Ortiz
El Hijo Pródigo

El 14 de agosto de 2009, el sacerdote católico Eduardo Porfirio Patiño Leal, obispo de la Diócesis de Córdoba, Veracruz, atropelló a seis personas dando muerte a una y dejando heridas a las otras cinco. Era las 10:30 de la mañana, según testigos el prelado conducía la camioneta a exceso de velocidad. Los reportes periodísticos apuntan: “Debido a que presuntamente manejaba a exceso de velocidad, perdió el control de la unidad y derribó un poste de la Comisión Federal de Electricidad, paso a traer otro vehículo particular con placas de circulación XZE7706 y se subió a la banqueta donde había varios vendedores ambulantes de verduras”.
Después de siete horas de detención el obispo fue liberado tras pagar una fianza de 90 mil pesos: 37 mil pesos le costó la vida de la mujer de 75 años a la que mató y el resto fue para los gastos médicos de las otras cinco víctimas.
Con la poca madre que distingue a algunos funcionarios públicos, Francisco Portilla, entonces subsecretario de Gobierno, se solidarizó con la pena del obispo, mas no con la pena de las víctimas: “el gobierno lamenta la situación que vive la iglesia católica y más aún el momento que está pasando el obispo, Eduardo Patiño Leal, al estar involucrado en esta lamentable situación. Es para el gobierno una tristeza y mostramos nuestra solidaridad al pueblo católico y al prelado”.
Dicen que a la hora del accidente el obispo sufrió un desmayo, otros dicen que iba alcoholizado; la velocidad a la que conducía lo hizo derribar un poste de luz, pasar a traer un vehículo particular y todavía subirse a la banqueta donde atropelló a seis personas. 90 mil pesos, siete horas de detención y una misa bastaron para que el accidente no tuviera mayores consecuencias.
Lo de Maryjose Gamboa fue un accidente y un accidente es involuntario. De acuerdo con su definición los “accidentes se hallan condicionados por múltiples fenómenos de carácter imprevisible e incontrolable”. En ningún momento la periodista tomó su auto a las tres de la mañana con el propósito de encontrar alguna víctima a la que pudiera hacer daño. Los accidentes suelen traer consecuencias, las víctimas mortales siempre serán lo más lamentable de un accidente. En este caso la muerte de José Luis Burela López, un joven de 30 años de edad ya es irremediable.
Lo que los parientes y amigos de la víctima buscan ahora es justicia. Hacen bien. ¿Pero saben ellos los alcances de esa justicia que solicitan?
Por supuesto no quiero creer que busquen justicia a partir de la ley del Talión, es decir “ojo por ojo y diente por diente”. Quiero creer que los que se manifiestan por la muerte del joven tatuador buscan justicia a partir de lo que está escrito en los códigos penales. Tampoco estaría bien que buscaran daño moral o físico para la causante. No vivimos en la época de las cavernas.
Los que buscan justicia deben tomar en cuenta que cuando uno contrata un seguro para su auto, lo hace porque sabe que en la carretera estamos como en la casa del jabonero, “el que no cae resbala”. Si a esto sumamos manejar cansados pues es todavía más pertinente tener un seguro.
Por supuesto lo mejor sería actuar con responsabilidad de tal modo que nunca llegásemos a requerir ese seguro, pero ya lo definimos antes, un accidente es involuntario y está “condicionado por múltiples fenómenos de carácter imprevisible e incontrolable”. Los que tenemos seguro de auto de cobertura amplia sabemos que en un caso como éste no nos queda más que atenernos a las cláusulas de nuestro seguro; algunas aseguradoras llegan a considerar la muerte de una persona.
Pero quienes suman a la tragedia asuntos de carácter político están actuando con profunda vileza. Sabemos que Maryjose Gamboa ha sido una de las voces más críticas del gobierno. A causa de ello sufrió persecución y hostigamiento por parte de la anterior coordinadora de Comunicación Social, Gina Domínguez Colío. Su línea crítica la ha mantenido, a la vez que sus actividades se han diversificado, pues actualmente es la directora del Instituto de la Mujer de Boca del Río.
Pero ni el gobierno lanzó al joven sobre el auto de Maryjose Gamboa, ni Maryjose andaba buscando a una persona que atropellar. Todo fue un accidente. Quien pretenda sacar raja política de este asunto, ya sean panistas o gente del mismo gobierno, sólo se empapará en la mierda de su vileza.
Maryjose sigue detenida, los informes que llegan apuntan a que diversos agentes de ambas partes (panista y gobierno) pretenden enturbiar un proceso que debería seguir un curso legal. Ya salieron por ahí algunos oportunistas, miembros de la CROC, que nada tienen que hacer, y que sólo derraman la mierda de su vileza.
Ya por ahí algún abogado leguleyo pretende argumentar temeridad dónde sólo hubo un accidente.
Estamos seguros que si Maryjose fuera afín al gobierno, después de siete horas del accidente, como en el caso del obispo de Córdoba, ya hubiera salido libre y hasta una carta del subsecretario de Gobierno, solidarizándose con ella hubiera recibido.
En este caso queda adecuada la máxima de Juárez que dice: “A mis amigos, justicia y gracia; a los demás, la ley a secas”, pero todavía peor, a los enemigos hay que procurarles la ley torcida.
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