jueves, 10 de julio de 2014

Perfiles

Claudia Constantino
Crónicas Urgentes

Se ven muy pocos anuncios en los periódicos donde dependencias como la Comisión Federal de Electricidad o Petróleos Mexicanos, soliciten personal. Lo que si es común, es ver letreros, a las puertas del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana que rezan: No hay vacantes.
Y si tal milagro ocurre: que haya plazas vacantes, uno de los muchos filtros que hay que pasar es un nada sencillo examen “psicométrico” que debe arrojar el resultado ineludible de demostrar que el aspirante es “apto para el trabajo en equipo.” Además de cumplir con el perfil profesional adecuado.
Y ante tales previsiones uno piensa: ¿porqué esto no aplica a quienes ocupan cargos públicos?
Los psicólogos y psiquiatras saben que existe algo llamado: psicodiagnóstico y es como una radiografía de la personalidad. Un mapa de la psique de cada individuo que ahorra años de terapia o permite anticipar el desarrollo de algunos padecimientos mentales.
¿Qué nos diría el pues el psicodiagnóstico de Enrique Cambranis, Elízabeth Morales, Alfredo Tress, Adrián Ávila y el resto de los dirigentes partidistas del estado?
¿De qué nos enteraríamos si dispusiéramos de dicho estudio del gobernador del estado y todo su gabinete?
¿En manos de quién tenemos a la máxima casa de estudios?
¿Con qué perfil son elaboradas y en su caso aprobadas las leyes que manan del congreso local?
¿Cuáles serán las patologías de jueces y magistrados?
¿Porqué en los cargos de elección popular nunca es hecha esta consideración, para elegir a “los mejores hombres y mujeres”?
Recuerdo las propuestas para aspirantes que reemplazarìan a Mauricio Audirac en el Orfis, la lista de curriculums presentados era amplia, pero fue al final una decisión política la que determinó que Lorenzo Antonio Portilla se alzara ganador para dirigir al Órgano de Fiscalización Superior del Estado.
Sucede igual en todos los casos, como el procedimiento para encumbrar a Sara Ladrón de Guevara, en el cargo que hoy ocupa. Ejemplos estos del ejercicio del poder en nuestro país: entre menor el cargo más los filtros; a medida que la importancia del cargo es mayor, la decisión de quién será el elegido, nada tiene que ver con su capacidad, curriculum y menos perfil psicológico.
Así se explica haber tenido presidentes alcoholicos, gobernadores adictos, gobernantes mitómanos o líderes asesinos y sociópatas. ¿En manos de quiénes estamos? Pero sobre todo ¿Cómo podemos los ciudadanos pedir este “lujo” de información?
Cualquier comentario para esta columna que ya tiene psicodiagnóstico a: aerodita_constantino@hotmail.es
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