Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel
Decía Aldous Huxley que la investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien que esté completamente sano. Pues claro, entre más le buscas, más le encuentras, dicen. El caso es que siempre se cuela al menos un malestar, una dolencia, un sufrimiento y la ciencia, a veces, no da una.
¡Vaya siglo XXI!, que a pesar de los grandes avances en la medicina, todavía existen algunos padecimientos que no han podido ser erradicados, como el ébola, la poliomielitis, el lupus eritematoso, la diabetes, el sida, el asma y el cáncer. También esta la gripe y el resfriado común, que no son lo mismo pero son carnalitos.
De acuerdo, quizás estas enfermedades nunca sean erradicadas; tendremos que estar alertas porque nos acechan. Pero les cuento, cierto día, en mi época de estudiante -sí, ya llovió, pero no lo suficiente, mis adorables enemigos-, un compañero me preguntó a qué le temía más en esta vida, ¿a la enfermedad?, ¿al dolor?, ¿a la muerte? Sí, contesté, a estas cosas y otras más, pero a lo que más le temo y me alejo porque soy alérgico, es a la mediocridad y conformismo, parientes de la pendejez.
En su artículo “Autodisculpa y mediocridad”, Alfonso Aguiló comentaba que lo propiamente humano es la razón, la fuerza de voluntad, la verdad, el esfuerzo, el trabajo, el bien, y agregaba que “para ser verdaderos hombres hemos de empezar por no autodisculparnos siempre con la excusa de que somos humanos. Es una excusa que tiene apariencia de humildad y, sin embargo, oculta habitualmente una cómoda apuesta por la mediocridad”.
Cierto, la mediocridad es una enfermedad sin dolores, sin apenas síntomas visibles, porque posiblemente consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta, escribiera G. K. Chesterton.
¿Acaso México es mediocre? No lo creo, antes bien cuenta con muchísima gente mediocre que, lo peor, está incrustada en todos los gobiernos, sindicatos y demás, o anda por ahí obstaculizando el paso de los que sí queremos que las cosas salgan, si no perfectas, al menos muy bien, en cualquiera de las actividades que realizamos.
Les repito, la mediocridad me causa alergia y, a veces, hasta me enferma; ojalá algún día sea erradicada. Y, la verdad, no creo nada en eso de que cuando las cosas no quieren conformarse con nosotros, nosotros debemos conformarnos con ellas. “Ni máiz paloma”. Por ejemplo, no sé nadar y he andado en barco; no sé volar y he andado en avión; no sé nada de economía, pero llegada la quincena me entiendo con los números. Sé de mis carencias pero no me enferman, antes bien intento superarlas, y en caso que me superen, le busco por otro lado.
Vaya, ¡con mexicanos mediocres el país no funciona! En fin, ¿nos echamos otra cervecita, Homero Simpson?
Hasta la próxima
jarl63@yahoo.com.mx
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