domingo, 1 de diciembre de 2013

Nobleza SA de CV

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Erwin S. Barcenas Oliveros

Un Clavo al Ataúd

Vivir bajo las ambiguas leyes del “hoy creo en ESTO, pero mañana puede que crea en AQUELLO, si es que ESO no me convence antes”, se ha vuelto una figura constante y cotizante en un México donde ya hasta un “buenos días” a una persona desconocida es insultante, más para el que los da que para quien los recibe.
Se ha vuelto practica común el ser buena onda o tener acciones nobles, siempre y cuando el logotipo de una empresa multinacional organice un evento de “apoyo a los más desprotegidos” y que por lo regular son compañías que se odian o se critican la mayor parte del año por el grueso de la gente: “¿gusta redondear para apoyar a niños de la calle?”, “Por cinco pesos más en su entrada al cine apoya a curar a personas con problemas de la vista”, “¿Desea donar para Bécalos?” y así, una graciosa variedad de solicitudes de “oiga, aproveche que andamos buena onda para que nosotros recolectemos ese dinero que en otras circunstancias, no le dará a un niño que le pide un peso para el pan”...
Es más fácil creer que se ayuda y se es noble si el logo de dichas empresas nos pide una caridad, es más seguro que darla a la persona, niño, anciano o viejita que lo hace en cada esquina, bajo el pretexto de “pinche gente que no se pone a trabajar”, “no ¿qué tal que lo usan para las drogas o para alcohol?”, “que padres tan 'güevones' que ponen a los niños a trabajar”.
Es fácil desprenderse del aura de sospecha sobre el fin de ese dinero si una edecán bonita, una botarga bien fabricada o un actor famoso, una actriz sensual o un carismático y arrugado comentarista nos lo pide con esa sonrisa Colgate que donemos dinero para una causa noble, sin entender el dinero que se gastan en esas campañas, promociones, sueldos para camarógrafos, transporte, energía, vestuario, maquillistas, transmisiones... vaya, supongo que gratis no es nada al final de cuentas, entonces, ¿por qué no usar ese dinero directamente en esos fines altruistas que nos piden que demos nosotros? ¿Dónde está lo práctico en gastar un dinero que podía ayudar a esa población vulnerable que necesita esos recursos? ¿Cual es entonces esa idea brillante de multipromocionar la ayuda como una campaña publicitaria?
Si alguien de verdad cree que una empresa de los tamaños de Televisa, Telmex, Banamex, Cinepolis, Danone, Bancomer, Oxxo, Chedraui y ese largo pero muy exclusivo etcétera, hacen algo gratis, entonces desde ahí comenzamos con no entender que el apoyo no es cosa de campañas publicitarias, que la ayuda no viene de sospechar de los semejantes y creer ciegamente en los que nunca nos miran si no como clientes...
Recuerde amable lector, son millones y millones de pesos los que se recaudan por medio de estas campañas, dinero constante, recibido desprendidamente, sin facturas, sin recibos, y de cuyos tickets entregados, se resalta que “este donativo no es comprobable”, no sabemos cuánto de ese dinero llega directamente a beneficiar, cuánto se pierde en gastos operativos, en gastos de representación, en sueldos para cada miembro de tan loables misiones, en publicidad, en pagar tiempo aire, comerciales, actores, técnicos, gasolina.
Entonces ¿dónde está la nobleza real de nuestros actos?, parafraseando a Megadaeath... “El Sentido Común está en venta y nadie quiere comprarlo”.

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