martes, 7 de enero de 2014

El día de reyes de ayer y hoy



Rafael Durián
Crónica Ácida

Si quieres mantener tu integridad, generalmente serás crítico, porque muchas de las cosas que suceden merecen críticas.
Noam Chomsky

Uno de los días cargados con mayor emoción y misticismo es el día de reyes, cuando los mayores hacen todo lo posible para seguir transmitiendo la bella tradición del “portarse bien”, del “acostarse temprano”, escribir una impecable y emotiva carta, así como esperar encontrar por la mañana cerca del Zapato o árbol navideño las enormes sorpresas que Melchor, Gaspar y Baltasar, trajeron para uno.
Aunque no lo parezca, estas muchas veces difíciles, pero siempre necesarias actividades generan en los pequeños gratos momentos que perdurarán en sus corazones por siempre.

Aún recuerdo que en una de esas actividades de desarrollo empresarial, un eminencia en el campo gerencial nos obligaba durante cerca de 10 minutos a recordar todos los días, antes de abrir la institución bancaria, un momento de nuestra niñez que nos haya dado mucha felicidad. Este hecho trajo consigo y sin que nos diéramos cuenta, un considerable aumento en el desempeño, motivación y tacto con las personas que fue siendo mayor y mejor en cuanto a calidad. Si no me cree, inténtelo.
Ayer por la tarde, junto con el mayor de mis vástagos, llegué al parque de los Lagos, en donde una multitud se congregaba en la antigua Casa de Artesanías, ahora Casa del Lago. Era una bella mezcolanza social: señoras con “marimbas de chiquillos” (formados del más grande al más chico o viceversa) se revolvían con gracia entre reporteros y empleados del ayuntamiento, entre coloridos payasos y grises burócratas, parejas adultas entre estudiantes que caminaban de la mano, filas enormes de grandes y chicos que esperaban impacientemente el pasar a ver a los reyes magos.
Más adelante, en cuatro stands con carpas, se repartía chocolate y rosca de reyes, atareados meseros partían y departían las roscas de “Delipan” entre los invitados, mientras papás y mamás se daban vida pidiendo también rosca para la tía, la abuelita y hasta para el perico.
Los niños, no se quedaban atrás, al notar que no eran marcados con ninguna tinta indeleble en sus extremidades, llevaban a guardar con sus parientes su regalo y se formaban otra vez “para ver si tenían más suerte, y les tocaba algo más grande”.
Algunos niños recordaban con nostalgia el día en que se subieron a la tirolesa y a los muros de escalada, que para ese tiempo, ya nadie se subía.
Recorrimos entonces una mini-feria en el puente central de los Lagos, que nos condujo hasta a un mini-tianguis de juguetes, chácharas y juegos de merolicos. Hasta que llegamos, al final de la luz, en donde un sujeto manipulaba serpientes exóticas, de buen tamaño, para ponerlas sobre los hombros de grandes y chicos, y éstos a su vez se tomaran la foto y recibiera una cooperación.
El niño, aunque algo cansado, optó por subir a un brincolín de cuatro camas elásticas en doble piso, en donde se la pasó tranquilo hasta que una fúrica señora exclamó “¡¡¡Le robaron los zapatos a mijo!!!”, para sorpresa de la dependiente del juego. Parece que un chico se confundió y en vez de llevarse su par de tenis blancos y rotos, se llevó dos pares de zapatos negros tipo escolar.
En fin, al regresar nuevamente a la casa del Lago, el séquito del alcalde estaba disuelto en toda la explanada de las escalinatas. Algunos llamaban por teléfono; otros acomodaban papeles y folders, y él saludaba a las personas que encontraba en el camino.
Ese mismo día, por la noche, como todo comprador de última hora, recorrí algunos centros comerciales con el fin de hallar algunos artículos que faltaban en el hogar y me sorprendió encontrar menos gente que en otros años, razón que me lleva a pensar que tal vez la mayoría de jalapeños se ha vuelto más organizada o ya de plano la lana no se estiró lo suficiente hasta este día.
Al mediodía de lunes, el DIF municipal convocaba al festejo del Día de Reyes, en donde su titular, Mariana Yorio, saludaba emocionada a harto niño que llegó al DIF a pesar del clima frío. Llegaron también payasos, botargas, animadoras ¡ahh! y regidores que presenciaban cómo Mariana Yorio les partía la rosca que degustaron.
A diferencia del pasado evento real, en éste, los escuincles sí fueron marcados con una tinta azul, y una vez que recibían su juguete, salían de la explanada rodeando el edificio para después volver a ingresar al DIF municipal por el lado de enfrente, puesto que sólo los bebés eran acompañados con papás. Algunos niños lloraron al verse solos y un par se sintió extraviado, pero siempre, por todos, llegaban sus angustiadas madres.
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