viernes, 14 de marzo de 2014

Carnaval, feria y salsa… y a gastar lo que no se tiene

Roberto Morales Ayala
Zona Franca

A los jarochos se nos da lo bullangueros, y como a la Macarena, nos encanta la parranda mañanera, pero con tres eventos en puerta —el Carnaval, la Expo Feria y el Festival Internacional de la Salsa— no habrá presupuesto que alcance ni bolsillo que lo soporte.
Pierden así su esencia de fiestas del pueblo pues en los hechos es tanto el gasto, en un lapso sumamente breve, de fines de marzo a mediados de mayo, que los veracruzanos de Coatzacoalcos y los visitantes del sur del estado, difícilmente podrán acudir a todos por falta de recursos.
Los tres eventos son un éxito para quienes los organizan. La venta de espacios, de stands, de gradas, el alquiler de baños públicos, la contratación de artistas, la venta de cerveza, el derecho de piso a comerciantes de todo tipo, desde fritangas hasta souvenirs, y la promoción en impresos, medios electrónicos y vía pública, llevan a un escenario recurrente pero también opaco y por lo general corrupto: la doble contabilidad que por un lado arroja números rojos y por otro ganancias bajo la mesa.
Es, como dice el refrán, pan y circo. Al pueblo se le entretiene y se le divierte, no necesariamente de manera gratuita, pues la asistencia a los eventos tiene un costo y lo que ahí se consume, algo más. Pero pan y circo al fin.
Del Carnaval de Coatzacoalcos se difunde lo espectacular. Que si es más extenso que el de Veracruz; que si ya ingresó al libro Guinness por tener hasta ahora la comparsa más grande del mundo, superior a la mejor de Río de Janeiro; que si trae artistas de mayor calidad; que si tiene una difusión como los más vistosos del país.
Pero también es un carnaval marcado por la polémica. Que si los funcionarios municipales son a la vez proveedores de gradas; que si trafican con los espacios donde se instalan los comederos, la venta de agua y de refresco; que si revenden esos espacios a tres, cuatro o cinco comerciantes y que eso desata polémica; que si acaparan los baños públicos y luego los subrogan a promotoras de colonias para seguir manteniendo un control sobre ellas.
La contratación de artistas ha generado acusaciones de corrupción, ya que del presupuesto asignado, inflan costos, pagan menos al cantante o las modelos y los galanes y se embolsan cientos de miles de pesos.
La fiesta de la carne resulta un banquete para quienes tienen a su cargo la organización del evento. Hay una doble contabilidad. Los carnavales resultan sinónimo de pérdidas, aun cuando sus responsables hacen el negocio del año.
Así ocurre con la Expo Feria Coatzacoalcos. Año con año la historia es la misma. Se reportan menos stands vendidos y los que son ocupados a manera de “cortesía” representan un ingreso extra, pagado en lo oscurito, en efectivo y sin dejar huella.
El plato fuerte son las concesiones de licor y cerveza. Se cobran sumas millonarias a la Modelo, a la Superior y a sus competidoras, y en consecuencia la venta de alcohol es indiscriminada, pues el inversionista debe recuperar lo que erogó. Así ocurre con la zona de bares y restaurantes y en el interior del palenque, donde hasta los regidores y sus familiares se transforman en empresarios de la mexicana alegría.
El Carnaval está en puerta. Se celebrará del 24 de marzo al 4 de abril. Estarán en Coatzacolcos Sasha, Benny Ibarra y Erick Rubín; Mijares, Río Roma, Willie Colón, Las Arrolladora Banda Limón y Axe Bahía, que año con año viene al evento y hasta parece parte del inventario.
En los desfiles se verá a Tania Vázquez, Raúl Osorio, Julio Camejo, Ingrid Martz, Iván Sánchez, Víctor González, Grettel Valdez, Vanessa Claudio y Juan Diego Covarrubias. O sea, Televisa y Tv Azteca.
Una semana después iniciará la Expo Feria. Se realizará del 11 al 20 de abril. Ahí el derroche es peor. Hay más atractivos, juegos mecánicos para los niños y venta de alcohol para los adultos. Se vende de todo, desde las fresas con crema hasta los tacos y las arracheras en plena Semana Santa, con perdón de Dios.
El tercer evento es el Festival Internacional de la Salsa, a realizarse a mediados de mayo. Por primera vez se celebra en Coatzacoalcos, tras una descabellada decisión del gobernador Javier Duarte de Ochoa, quien por revanchismo político, le retiró la sede al municipio de Boca del Río, sólo porque la alcaldía está en manos de Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del enemigo número uno de la fidelidad y del duartismo, Miguel Ángel Yunes Linares.
Para Coatzacoalcos significará capacidad hotelera al cien por ciento, pero miles de asistentes que año con año acudían al evento, se quedarán con las ganas. Coatzacoalcos tiene una limitación en cuanto a cuartos de hotel, si se le compara con la franja Veracruz-Boca del Río.
El Festival Internacional de la Salsa impactaba a la zona Veracruz-Boca del Río con un 80 por ciento de ocupación hotelera, en esta época del año. Anteriormente, la ocupación era del 40 por ciento en los 187 inmuebles que conforman su infraestructura, algo así como 10 mil 200 habitaciones en total.
Coatzacoalcos y sus alrededores ni remotamente alcanzan esa cifra. Quizá ni 2 mil habitaciones. Pero eso no le inquieta al organizador del evento, Andrés Azuela Berchelmann, quien asegura que la ocupación será a cien por ciento. Obviamente que sí. Lo que no dice es que por lo menos 8 mil asistentes al Festival Internacional de la Salsa se quedarán sin posibilidad de acudir pues no habrá dónde alojarlos.
Con la decisión del gobernador Javier Duarte, los hoteleros y restauranteros de Veracruz-Boca del Río pierden 500 millones de pesos. Pero Coatzacoalcos, por su falta de infraestructura hotelera carece de la capacidad para capitalizar esa cantidad.
Para los organizadores es una excelente oportunidad de hacer negocios a trasmano. Para el pueblo el problema está en su capacidad económica pues acudir a tres eventos de tal magnitud en un lapso sumamente corto, acaba con el bolsillo de cualquiera.
Los porteños no tendrán descanso. Son tres grandes fiestas públicas las que se tienen programadas en menos de tres meses. ¿De dónde sacarán los ciudadanos dinero para tanta fiesta? Porque si bien los anuncian como fiestas del pueblo, lo cierto es que se utilizan recursos públicos para eventos que son finalmente pagados por quienes asisten, lo que deriva en un negocio redondo. Si se gana, ganan los organizadores; si se pierde —como siempre— el que pierde es el pueblo.
Son pan y circo. La única diferencia es que antes, desde que las grandes civilizaciones dominaban al mundo, las fiestas era para que el pueblo se entretuviera, que tolerara a los tiranos que los gobernaban y les perdonara los abusos y sus crímenes.
Eran los tiempos en que los reyes, emperadores, zares e incluso los líderes religiosos, organizaban las fiestas y las comilonas y la diversión corría a cargo del gobernante. Era pan y circo. Y el pueblo acudía para satisfacerse sin que nada le costara.
Ahora el pan y circo se ha modernizado, y consecuentemente, ha perdido su esencia. Las fiestas las organizan los gobernantes, las hacen negocio, invitan al pueblo, las financian con recursos públicos y encima de todo, el pueblo paga parte de la inversión.
Tres eventos en menos de tres meses, el Carnaval, la Expo Feria y el Festival Internacional de la Salsa, serán una buena oportunidad para el relax, siempre y cuando se tenga un bolsillo que lo soporte.

(romoaya@gmail.com)(@moralesrobert)
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