martes, 18 de marzo de 2014

De monstruos

Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel

La verdad, no tengo nada en contra de la tecnología y la ciencia, sino todo lo contrario; les veo el lado amable, por decirlo de alguna manera. Vivimos un tiempo en el que nos es imposible sustraernos (claro, no todos) a las innovaciones técnicas y científicas. Pero me asusta, me preocupa que se vayan colando en nuestras vidas al grado de convertirnos en dependientes compulsivos y estemos olvidando lo que realmente somos: humanos. Los ejemplos abundan. Desde que amanecemos hasta que nos acostamos e incluso durmiendo y dormidos (¿no es lo mismo pero es igual?), nos topamos con las máquinas y los dichosos sistemas de comunicación que a diario se recargan y revolucionan.
 No sé si realmente estamos progresando o retrocediendo (iba a decir “reculando”, pero suena algo impúdico). Esa es la cuestión que a mi parecer nos debe de preocupar y a la que hay que dar respuesta, de lo contrario pronto nos veremos en la imposibilidad de jalar ni pa’ delante ni pa’ tras. Asunto que, para desgracia de mis fans lectoras y lectores, no puedo abundar por falta de espacio. Pero a buen entendedor pocas palabras.
 Les comento, sí, que hace poco por el facebook (ya qué) encontré estas palabras de Paco de Lucía: “La barriga se sacia rápido, el espíritu no se sacia nunca”. Lo que me lleva a insistir que algo parecido nos pasa con el uso del internet, las redes sociales, los celulares, pero al revés. No nos saciamos nunca y nuestro espíritu se seca pronto.
 En un artículo de El País Semanal, el investigador Scott Wallsten para el Technology Policy Institute en Whashington DC, dio estos datos: “Por cada 10 minutos en Internet, robamos 2,9 minutos a otro tipo de ocio y 2,7 minutos a trabajar. Además, viajamos un minuto menos, robamos 42 segundos a las actividades domésticas y dedicamos 1,2 minutos menos al cuidado personal.
“Como promedio, una persona pasa 100 minutos al día en Internet sin hacer nada en concreto, perdiendo 27 minutos de trabajo diarios, 29 de vida social y 12 de sueño. Según los expertos, cada vez más gente, especialmente los jóvenes, utilizan Internet como fuente de ocio”.
 Por cierto, en un artículo de La Jornada, leo que Juan Carlos Olmedo, director del Departamento de Estudios Culturales del Tecnológico de Monterrey, expresó que “estar siempre conectados a la red, ya sea mediante una computadora, una tableta o un teléfono, nos satura de información que vuelve a nuestras mentes dispersas. Y los celulares, Internet y otras tecnologías de la información también son usados por los niños, quienes crecen con ellas. A esto no se le puede dar la vuelta, las tienen y las van a tener a lo largo de su vida, así van a vivir. Lo que tenemos que hacer es dotarlos, con la misma tecnología, de capacidad de análisis y pensamiento”
 O sea, ‘tamos bien, pero hay que tener cuidado. Como se propone en el artículo “¿Cómo invertimos nuestro tiempo en Internet?”, publicado en El País Semanal, hay que “ponerse un horario para conectarse a Internet y dejar el tiempo libre para realizar otro tipo de actividades; aceptar que todos los e-mails o Whatsapps no se pueden contestar en el segundo; desconectar las notificaciones innecesarias; salir a dar un paseo y olvidar el teléfono en casa y relativizar, porque, al fin y al cabo, es sólo Internet”. Pos sí.
 ¿Es el Internet un engañoso monstruo? Vaya a usted a saber, pero Friedrich Nietzsche decía que quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
 Por lo pronto ahí se ven.
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