martes, 22 de julio de 2014

De miedo

Claudia Constantino
Crónicas Urgentes

Poder caminar las calles de Xalapa, tarde por la noche, por mucho tiempo le valió a la ciudad la denominación de “provinciana”. Andar el centro era cosa de todos los días para trabajadores y vecinos del área de Los Berros; Los Tecajetes; El Parque Juárez; el paseo de Los Lagos. Ningún peligro al acecho. El viernes pasado, Luis, volvía de una reunión a eso de las dos de la mañana y subiendo por Azueta, dos tipos drogados y armados con una navaja, le salieron al paso quitándole su reloj, cartera, celular y lentes.
― Ni para que oponer resistencia, en seguida les di todo; me explica.
— ¿Denunciaste el robo?
— No, qué miedo; seguramente los policías de la zona estarán coludidos, porque ni una sola patrulla en cuadras y cuadras, concluye.
Una señora fue atacada por un sujeto que no quedó claro si quería robarla o violarla, pero lo cierto es que le hizo daño. Sí presentó la denuncia de lo ocurrido en el Cerro de Macuiltépetl, a plena luz del día. No le faltan “conocidos influyentes”, pero de su agresor, aún no se sabe nada.
En el diplomado al que asisto, tengo de compañera a la hija de una médico forense en funciones. Así, mi compañera, está enterada de que ha habido dos mujeres muertas, tras ser violadas, en la misma zona; busco en los medios: no hay ninguna noticia al respecto, como no lo hubo del caso anterior mencionado.
Hace unos días, el vehículo de la comunicadora Liz Mariana Bravo, fue robado, en pleno centro de la ciudad y gracias a su rápida denuncia en las redes y a la participación de sus seguidores, el vehículo fue recuperado.
En el edificio frente a mi casa, un hombre fue hallado “in fraganti”, mientras robaba cuanto encontró de valor y le cupiera en la mochila que llevaba, gracias a la intervención de los vecinos, fue capturado y puesto a disposición de la autoridad que pocos días después le dejó en libertad, según el indignado testimonio de su víctima frustrada.
También el apartamento de mi padre, en la avenida Allende, frente a las oficinas de la CFE, fue saqueado por algún maleante a eso del medio día. Nadie vio nada sospechoso, nunca dieron con el responsable; el robo fue denunciado en su oportunidad.
Cuando “se sabe” algo sobre balaceras y persecuciones, la versión oficial es que son “exitosos operativos”, en los que la autoridad sale triunfante. Nada pasa en Veracruz. El gobernador Javier Duarte, y su “grupo de coordinación”, dicen hoy en todos los medios, que tienen: “todo bajo control”, y que: “no hay focos rojos”.
Lo cierto es que es una imprudencia por estos días caminar a solas, o hasta en compañía por las calles de Xalapa y varias otras ciudades del estado, después de cierta hora; no sólo de noche se realizan los robos a casas habitación; de vehículos; o a transeúntes. Este recuento de riesgos no es nada más parte del anecdotario que adereza reuniones sociales o de trabajo. Todos conocemos a alguien que ha sufrido los inconvenientes de la delincuencia en alguna de sus variantes.
Cada vez hay más fraccionamientos con seguridad propia: cámaras de vigilancia; “policía preventiva”; control de acceso; acuerdos con la autoridad para poner “especial atención” en su zona, etcétera. Y, es más notoria la “seguridad” que emplean empresarios prominentes y funcionarios. ¿Y los que no tienen con qué pagar esos nuevos lujos? ¿Y los de a pie? “Ni tienen qué les roben”, ha dicho un funcionario de los más cínicos. Pero sí tienen: la tranquilidad y en algunos casos, hasta la vida.
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