miércoles, 23 de julio de 2014

Michael Ignatieff

Eduardo de la Torre Jaramillo
Escenarios

“… la palabra fundamental en política es la pérseverance, Monsieur Ignatieff, la pérseverance”
Jean Charest

“Pagué un precio por lo que aprendí. Perseguí el fuego del poder y contemplé cómo la esperanza quedaba reducida a cenizas”
Michael Ignatieff

Michael Ignatieff acaba de publicar el libro “Fuego y cenizas, éxito y fracaso en política” en la editorial Taurus; es un texto que describe la política democrática en Canadá, basado en su experiencia como académico de Harvard que pensó en regresar después de más de tres décadas a hacer política en su país. Resalto la obra de Ignatieff que es elegante, posee el conocimiento de sí mismo, la humildad con la cual aborda la política contemporánea; en fin, es un libro ampliamente recomendado para quien desea hacer política hoy en día, y como afirma: “…rinde tributo a la política y a los políticos”.
Ignatieff es un académico de la Kennedy School of Government; y que por su historia familiar vivió en diversas ciudades y países en su juventud, tales como: Washington, Belgrado, Londres, París, Ginebray Ottawa; esto lo convierte en un cosmopolita; la vida pública la experimentó su bisabuelo y su abuelo en la Rusia zarista y su padre hizo política en Canadá, como uno de tantos inmigrantes; y él en una primera confusión opta por participar en política, y le llamo confusión porque piensa honrar a su familia que había hecho política, cuando descubre que “No se puede empezar una carrera política para homenajear a tus padres. Esto también es un error político… Lo mejor de la democracia consiste –o debiera consistir- en que debes ganártelo todo, voto tras voto”.
Lo primero que recomienda es preguntarsela entrada a la política, el ¿por qué?, ya que tu éxito o tu fracaso depende de tu respuesta, porque seguramente te la harán los votantes, “La verdad puede consistir en que quieres liderar al país porque el cargo conlleva un avión, una casa, un grupo de funcionarios a tu disposición y un equipo de seguridad personal que incluye a hombres y mujeres armados y con audífonos…deseas ser famoso, figurar en los libros de Historia, que los colegios lleven tu nombre y que tu retrato cuelgue en lugares ilustres. Puede que desees ajustar cuentas con tu pasado y vengarte de aquellos que te aseguraron que nunca llegarías a nada” (en Veracruz algunos personajes públicos del pasado a todo esto le llaman “tener nivel”). Lo que reconoce Ignatieff es que “la política pone a prueba tu capacidad de conocerte más que cualquier otra profesión que yo conozca. Lo que he aprendido es que la pregunta de por qué quieres ser un político significa en realidad por quién quieres serlo”.
Es pertinente mencionar que siendo muy joven Michael Ignatieff, perteneció a una generación política que fue impactada por los asesinatos de John F. Kennedy, Martin Luther King, Robert Kennedy; además por la guerra de Vietnam; inclusive con la no designación de su padre de ser en 1979 el gobernador general de Canadá, es decir el Jefe de Estado; fue así que sus primeros pasos en política estuvieron marcados por la violencia política y el fracaso, éste según él “…posee sus privilegios”. Decide dejar temporalmente la academia porque recibió la invitación de los “hombres de negro”: Alfred Apps, Dan Brock, Ian Davey, quienes le proponen hacerlo Primer Ministro de Canadá; y por eso regresa a su país; primero se convierte en parlamentario del Partido Liberal, posteriormente presidente de su partido, y finalmente se convirtió en el tercer presidente del Partido Liberal que no se convierte en Primer Ministro en los 100 años de existencia de ese partido político.
A lo largo del libro Ignatieff va deslizando su narrativa política, allí el académico va redescubriendo a la política, más allá de dar clases sobre Nicolás Maquiavelo, dice que “la política real no es una ciencia, sino más bien el intento incesante de unos avispados individuos por adaptarse a los acontecimientos que Fortuna va situando en su camino. Sus aptitudes básicas pueden aprenderse, pero no pueden enseñarse. Mientras que el medio natural de un pintor es la pintura, el de un político es el tiempo, porque debe adaptarse continuamente a los cambios repentinos, inesperados y brutales…el político visionario vislumbra una puerta oculta que abre nuevas oportunidades. Lo que calificamos como suerte en política es en realidad un don para aprender el momento exacto, para saber cuándo actuar y cuándo esperar una oportunidad mejor”.
Dentro de las recomendaciones de Ignatieff se encuentra aquella de entender al público, porque la política continua siendo local, inclusive utiliza la expresión francesa un homme de terrain; inclusivesugiere no hacerle mucho caso a las redes sociales o a You Tube, porque “la política tiene que seguir siendo algo corpóreo porque la confianza es corpórea… pero en política el verdadero mensaje es el físico, el que envían tus ojos y tus manos”. Además,rescata conceptos que ya poco se usan, como el “instinto”; en ese caso, afirma:“Cuando decimos de un político que actúa por instinto, lo que queremos decir es queposee una misteriosa capacidad para conectar con los demás, para hacerles sentirse cómodos, para hacer que se sientan especiales”.
Los embates que sufre el académico de Harvard o mejor dicho para el outsider como él fueron por sus libros “El honor del guerrero” y “El mal menor” que no los comprendieron y fueron utilizados primero para intentar bajarlo de su candidatura al parlamento; posteriormente, le orquestan una campaña negativa, donde lo tildan de extranjero, el que estaba en Canadá de manera temporal; a pesar de que fue un político que le apostó a sus ideas, como el manifiesto que se llamó “Un programa para la construcción de un país”, y cuya advertencia fue: “los políticos deben poseer una habilidad especial para saber cuándo ha llegado el momento propicio para una idea y para expresar esas ideas de modo que los ciudadanos se interesan por ellas”. Empero, reconoce que hoy en día al utilizar lo que escribiste en twitter o facebook pues “ya no se atacan las ideas o posturas de un candidato. Se ataca lo que el candidato es”. Lo anterior deriva, según Ignatieff en: “la política como guerra y los adversarios como enemigos”.
Finalmente,“los políticos deben saber que no todos los principios se pueden negociar en aras de un acuerdo”; toda esta narrativa se entiende en un país democrático como lo es Canadá, pero en uno como México donde el autoritarismo ya colonizó a todos los partidos políticos, inclusive la oposición ya desapareció;además del déficit ciudadano; la constante práctica de una política familiar; inclusive donde más del 50% de la población está fuera del mercado, la enorme desigualdad y con las diferentes mediciones de pobreza; todo ello origina una democracia de muy baja calidad, donde los votos y las elecciones se compran; lo que hace imposible la última comisión que hace Michael Ignatieff: “Estás en política porque la reivindicación que necesita la democracia no es la de las palabras sino la de los hechos no la de la teoría sino la de la acción”.
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