lunes, 21 de julio de 2014

Quererse y cuidarse, derecho ganado

Sheyla Fuertes Lara
Mujeres que saben latín 

El 22 de julio se estableció el “Día Internacional del Trabajo Doméstico”, después que fuera instaurado en Bogotá, durante la realización del Primer Congreso de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar en 1992. Ahí consideraron como un tema esencial en la agenda legislativa de los países participantes, construir políticas públicas que disminuyan la carga de trabajo de las mujeres en el hogar.
Durante el Encuentro se reconoció que el trabajo doméstico "es un recurso esencial para el bienestar de las sociedades desarrolladas, como lo es también el trabajo aplicado a la producción para el mercado".
En todo el mundo la mayoría de las personas que se dedican a estas actividades son mujeres. La mayor parte no recibe una remuneración, o en su caso, tienen doble función, laboran fuera y posteriormente llegan a casa a realizar la doble tarea.
De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en el cuarto trimestre del 2010 había un poco más de 2 millones de trabajadoras domésticas en México. Entre éstas, 9 de cada 10 son mujeres. Casi el 60 por ciento pertenecen a un estrato socioeconómico medio-bajo y el 64 por ciento, tiene apenas una instrucción primaria o inferior.
Las personas que cuentan con una trabajadora doméstica, deben considerar sus derechos, a ser tratadas con respeto; derecho a un salario justo, a un aguinaldo y hoy, a brindarles seguro social. Todas y todos los que empleamos a alguien, deberíamos otorgarlos.
Algunos hogares del país, cuentan con una empleada doméstica y aunque al referirme a ellas, no sólo lo hago con las que reciben una remuneración; porque las que más se dedican a esta actividad son las madres de familia.
Y es que en la mayoría de los hogares continúa reproduciéndose la educación tradicional; con los roles de género en el que las mujeres aprenden cómo llevar la casa y atienden a los hombres, pero esto ya no debería de ser así. La educación debe ser igualitaria para todas y todos.
Muchas mujeres ahora adultas, crecieron y fueron educadas bajo este esquema, dedicaron al hogar gran parte de su vida; en actividades que no son remuneradas y que aún se piensa que al quedarse en casa no “hacen nada”. Cuando es un trabajo pesado y pocas veces valorado.
Algunas personas mayores durante treinta años o más, realizaron el trabajo doméstico en el hogar y aún cuando su edad ya no les permite seguir ese ritmo, se sienten mal por no hacerlo. Porque les enseñaron que su valor está en lo que hacen y si no es así, ya no “sirven” para nada.
La mayoría cree que al continuar con estas labores, es bueno para su vida, porque se sienten útiles, activas y que hacen actividad física, al andar “trajinando” y limpiando de un lado a otro.
No, esto no es un ejercicio; no es una forma de distracción. Sé que nadie les dijo que llegaría el momento en el que tendrían que dejar el trabajo doméstico; y no porque no lo hicieran bien, o porque alguien fuera mejor que ustedes. Es por salud, por beneficio propio, tranquilidad y derecho.
Tienen que dejar estas actividades; ya es hora de pensar en ustedes, de hacer cosas que no requieran más esfuerzo, pero que les dejen satisfacciones.
¿Qué no pueden, porque extrañarán la actividad? ¿Qué no sabrían qué hacer? Por primera vez podrán cuidarse, quererse. Hay actividades diversas, como la jardinería, salir a caminar, visitar algún amigo o familiar, realizar alguna manualidad; leer lo que no pudieron antes, entre otras más. Dedicaron su vida a cuidar familias de 5 o más integrantes; es el momento de premiarse. No piensen en el esposo, en los hijos, hijas, nietos. ¡Ellas y ellos vivirán! Disfruten sus espacios, diviértanse haciendo cosas que nunca hicieron!
No se termina su edad productiva. No dejarán de ser útiles, seguirán siéndolo para ustedes y por ustedes.
A las nuevas generaciones nos corresponde retribuirles todo el tiempo que invirtieron en la familia, los cuidados; en la construcción de los hogares, en la formación de hombres y mujeres. Es tiempo de premiarlas por el excelente trabajo doméstico que hicieron durante tantos años.
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