viernes, 8 de noviembre de 2013

Seguridad, verdad de Perogrullo

Roberto Morales Ayala
Zona Franca

El escenario que plantea el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en la Reunión de Seguridad Sur-Sureste, en el puerto de Veracruz, es ilusorio. A nombre del régimen peñanietista, vino a imponer una visión que choca con la violencia cotidiana, el secuestro, la extorsión, el homicidio, el tráfico de personas, la prostitución, los levantones de migrantes y todas las formas de terror que han hecho de Veracruz un estado inseguro y que han deteriorado a sus instituciones, rebasadas éstas por quienes delinquen y violan la ley.
Osorio Chong vino, soltó un discurso sin consistencia y se fue. Aquí dejó a Javier Duarte regodeándose con el eco de sus palabras, apostándole a la ingenuidad de los veracruzanos.

Veracruz, al margen de lo que digan las perogrulladas de Peña Nieto y del discurso de Osorio Chong, es un estado sumido en la violencia, en el robo, en el crimen, en el secuestro, en los descabezados, en los desaparecidos. Veracruz, en los últimos tres años, no es ejemplo de nada bueno en materia de seguridad y sí, en cambio, de la delincuencia en todo su esplendor.
Duarte tampoco es ejemplo de buen gobierno. Lo es de frivolidad y de insensatez que asombra. No le teme a las bombas explosivas, dice el gobernador, pero sí a las de frijol con mantequilla que venden en el Café La Parroquia. Con un gobernador así, qué se puede esperar.
Contrario a lo que piense Peña Nieto, en Veracruz la fórmula del gobernador Javier Duarte de Ochoa para combatir los altos niveles de inseguridad de su gobierno es esconder bajo el tapete los casos de violencia. Si se ocultan, no existen y si no existen, no cuentan.
Las verdades de Perogrullo son verdades tan obvias que acaban siendo vergonzosas obviedades. Las perogrulladas de Peña Nieto resultan pésimas afirmaciones: si en otros estados crece la violencia, en Veracruz disminuye. Y sólo le faltó decir que lo vio con sus propios ojos y lo escuchó con sus propios oídos.
La realidad de Veracruz es mucho más complicada de lo que los gobernantes quieren ver. También aquí se tienen cifras y no son nada bondadosas. En el sur, según el reporte del Observatorio Ciudadano, un organismo independiente que lleva el registro de los hechos delictivos, en octubre ocurrieron 636 delitos. De ellos, 276 corresponden a Coatzacoalcos. Es decir, más de nueve hechos delictivos al día en esta ciudad.
La Universidad Veracruzana ve con preocupación el fenómeno de la violencia y que su incidencia se convierta en algo “normal” en la sociedad. Lizette Figueroa Vázquez, investigadora de la UV, señala que la violencia se puede “naturalizar” y que el día de mañana sea común ver descuartizados o descabezados en las calles, y que se vaya perdiendo la capacidad de asombro, de indignación y de protesta.
Javier Duarte comenzó su gobierno con el pie izquierdo. La herencia violenta de Fidel Herrera Beltrán lo atrapó en su primer año de gobierno. 35 cadáveres desmembrados en la zona turística de Boca del Río, un día antes de iniciar la Cumbre de Presidentes de Tribunales de Justicia y Procuradores, desataron un escándalo nacional. Luego vendrían otros 30 y otros 14 y así hasta alcanzar un centenar en un solo mes.
Duarte vio llegar la oleada de ejecuciones de periodistas. La violencia se generalizó en todo Veracruz. Duarte buscó refugio en el gobierno federal, en el Ejército y la Marina, y entregó la seguridad de las principales ciudades hasta el día de hoy, pues las corporaciones policíacas están infiltradas por el crimen organizado.
Pero Osorio Chong asegura que por las estrategias aplicadas por el gobierno de Javier Duarte se han tenido tres años de logros. La afirmación no corresponde a la estadística. De junio a la fecha, justo cuando crecía la efervescencia electoral por la renovación del Congreso de Veracruz y las alcaldías, la violencia se disparó y la seguridad sigue brillando por su ausencia.
Hasta junio se habían registrado 60 solicitudes de apoyo a la Comisión Estatal de Derechos Humanos por desapariciones y la Procuraduría de Veracruz reveló que en 2012 se denunciaron 130 casos personas de las que no se volvió a saber.
Otro dato es igual de contundente: de 2011 a 2013 se registraron 388 casos de desaparecidos. En Xalapa ocurre con mayor incidencia: 66 mujeres y 61 hombres, tan sólo en 2012. Es decir, la capital de Veracruz, ahí donde vive el gobernador Javier Duarte, concentra la tercera parte de los desaparecidos… pero en un solo año.
La información fue difundida por el Colectivo por la Paz, una organización no gubernamental (ONG) que solicitó los datos al Instituto Veracruzano de Acceso a la Información. Curiosamente, el IVAI no registra casos de desaparecidos en 2010, el último año del gobierno de Fidel Herrera.
Colectivo por la Paz mantiene una lucha constante por el regreso de sus familiares al hogar. Se han manifestado en Plaza Lerdo, frente al palacio de gobierno y su protesta ha permeado en la sociedad. En sus mantas han exhibido casos de niños y niñas desaparecidas en Xalapa y el puerto de Veracruz.
Colectivo por la Paz se ha acercado a organismos internacionales como Human Wrigths Watch y Amnistía Internacional para difundir lo que ocurre realmente en Veracruz. Y lo hace porque, asegura, existe más interés de ambas organizaciones que de los agentes del Ministerio Público y de las altas esferas de la Procuraduría estatal. El trato que le dan a los familiares es indignante, reclama. Son objeto de burla, de trato soez, de indiferencia.
Y en tanto las desapariciones, homicidios, secuestros, levantones, el robo de autos y el de casas-habitación van en aumento, viene Osorio Chong, la voz del Presidente Peña Nieto, y asegura que Javier Duarte de Ochoa ha tenido logros en materia de seguridad en sus tres años de gobierno.
Mientras, Javier Duarte asegura que no le teme a las bombas que explotan sino a las de frijol con mantequilla de La Parroquia. Cuestión de humor negro, de humor pésimo y de sobrepeso.

(romoaya@gmail.com) (@moralesrobert) (facebook: Roberto Morales Ayala)
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