domingo, 5 de enero de 2014

Es el juego, no el juguete

Brenda Caballero
Números Rojos

Generalmente, la ciudad es un caos y con la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar se complica aún más pues muchos centros comerciales, panaderías y vialidades se encuentran atascadas.
Como mi sobrino Santiago, de apenas 20 meses, aún no escribe, sino sólo tartamudea “mamá, papá, nene, teté”, era un poco complicado que mandara su carta a los Reyes Magos, por lo que la familia se dio a la tarea de hacerle de asistente de los Magos de Oriente para no dejar pasar este tradicional día.
La primera idea de mi hermana era un dinosaurio con sensores... “¡válgame dios! ¿Qué es eso?”, le dije, pues era nada más y nada menos que un muñeco electrónico que se toca y con la sensación de los dedos camina, hace ruido y extiende una especie de aletas... ¡Arriba de dos mil pesos el chistoso juguetito! Desde luego que fue descartado por caro y porque no era la mejor opción para un niño de su edad; seguramente los sensores del Dino morirían ante el aventón de Santiago.

II
Carros, muñecas, bicicletas, superhéroes, juegos para armar, etcétera, se pueden ver en las grandes cadenas donde se surtirán los Reyes Magos y ante las alzas de la canasta básica con la Reforma Hacendaria, Melchor, Gaspar y Baltasar hacen esfuerzos en cada uno de los hogares donde los niños se portan bien, para llevar algún presente que los haga sonreír y divertirse.
Aunque la modalidad ha cambiado hoy en día, pues las familias hacen “la coperacha” para comprar lo anhelado por los pequeñines, endeudarse un rato con la tarjeta o en caso extremo, ir al monte de piedad.
Actualmente, las grandes tiendas comerciales ofrecen diversas promociones como meses sin intereses, descuentos o monederos electrónicos que son opciones más cómodas para llevar la cuesta de Reyes, aunque la idea es buena, no se acelere comprando ya que si tiene otras compras en mensualidades, se sumarán a las existentes produciéndole cierto dolor de cabeza.

III
Después de tanto caminar e ir de tienda en tienda, viendo juguetes y comparando precios, por fin encontramos el regalo ideal para Santiago: Una resbaladilla de plástico. Los Reyes estarían contentos pues tenía descuento y estaba en paguitos pequeños. ¡Pues ni modo, ya qué! ¡tarjetazo! Ya aunque en 2014 la nueva reforma que lleva la Secretaría de Hacienda fiscalice mi tarjeta.
Seguramente con lo inquieto que es, estará feliz de subir y bajar unas ochenta veces al día ¡No así sus padres! que tienen que andar tras él.

IV
Toca el turno a la tradicional Rosca de Reyes, la primera prueba del año, con eso de los nuevos impuestos a los productos que tienen calorías subirán de precio. Después de visitar varias panaderías con promociones del 3 por 2 o con chocolate regalado, al parecer los precios eran cómodos, había Roscas desde 25 pesos hasta 300 pesos; precio módico a pagar por “casi” cualquier familia y poder saborear un pedacito del tradicional pan con una taza de chocolate o de perdis un café: “¿a poco no subieron de precio?”, me dijo mi marido; tal parece que no, pues desde el año pasado se mantuvieron igual, aunque al abrirla ¡sorpresa! y no era el muñeco, ¡sino el tamaño! ¡se achicó! ¿o no le pondrían levadura suficiente?
V
¡Qué tiempos los de hoy! la tecnología se impone. Un chisme que nos pasaron directamente los Reyes Magos es que muchos niños ya no piden juguetes, sino celulares, tablets, iphones, ipads y juegos de video. Aplaudo la modernidad y la tecnología porque nos hace crecer y mejorar habilidades; sin embargo, no concibo cómo un niño o niña de 11 ó 12 años tenga un teléfono de más de 10 mil pesos ¡ para hacer llamadas!
Oigo los pasos de Santiago que se acerca señalando que le bajen un pequeño recipiente blanco.
Pide que lo abran y que le hagan burbujas de jabón… Se emociona tratando de alcanzarlas, de tocarlas, ríe frenéticamente divertido y vuelve a pedir más… está feliz, contento, y me hace recordar que lo que importa es el juego, no el juguete.

Email: caballero_brenda@hotmail.com
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