martes, 25 de marzo de 2014

El Veracruz soñado

Claudia Constantino
Crónicas Urgentes

Soñé un sueño: en el que los indígenas de mi estado, no eran exhibidos como parte de un espectáculo. Donde eran respetados sus más grandes dones, como el de sanar; nadie los ponían a hacerlo como en puesto de kermés. La purificación no era un atractivo turístico y la espiritualidad y misticismo seguían siendo cosa sagrada, no artículo de venta en un mercado.
Soñé un Veracruz, donde los periodistas no corrían peligro por develar las verdades incómodas, criticar al régimen o señalar las andanzas de los poderosos, política o delictivamente. Donde las prebendas no separaban a su gremio en “rebeldes” y “aliados”. Ni los dueños de los medios de comunicación acotaban, advertían y mal pagaban a los reporteros valientes, hasta cansarlos y lograr se dedicaran a otra cosa.
En ese sueño, las mujeres no eran juzgadas por propios y extraños en base a su manera de vestir, su abierto estilo de vida o su situación sentimental; ni eran señaladas en las redes sociales y quemadas en la plaza pública (virtual) por lo que a algunos –intachables, según ellos- les da por señalar como: “indecente”.
En ese Veracruz ya no se hablaba de: “cuota de género”, o de “respeto para las mujeres”, porque como las cosas de todos los días, era de todas y ya nadie siquiera lo notaba. No cabía la misoginia, ejercida ferozmente por las mujeres contra sus iguales y ningún hombre era capaz de acosar, abusar, golpear o exhibir a ninguna mujer.
En el sueño, se podía transitar libremente sin miedo a ser: asaltado, “levantado” o atemorizado por nadie. Era posible encontrar oportunidades sin tener que estar, al menos tácitamente de acuerdo con los hombres del poder y sus abusos.
En este Veracruz, las opiniones de todos contaban y no eran ignorados por los servidores públicos en turno. La cultura era prioridad, porque devuelve la humanidad, la sensibilidad y la conciencia.
Este Veracruz soñado; tan utópico; tan lejano de la realidad, se antoja de veras. Pero tan sólo fue un sueño de esos de ojos abiertos. Escudriño el rumbo, las opciones y me da por pensar que para acercarnos un poco, todos los veracruzanos debemos despertar.
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