lunes, 23 de junio de 2014

Las reglas del juego

Claudia Constantino
Crónicas Urgentes

A la más pura usanza de cofradías y hermandades, la clase política tiene sus propias reglas escritas y no. Hay “cosas que no se valen” y la mayoría de las veces en los “equipos políticos” son más importantes las lealtades y hasta los sacrificios que las aptitudes y perfiles para los cargos públicos.
Hace unas pocas horas, el coordinador de la cultura del agua en la Comisión Municipal de Agua Potable y Saneamiento (CMAS), Iván Vicente Alarcón Cerda, fue exhibido públicamente; no tanto por las redes sociales que mostraban su fotografía en un estadio de Brasil, oso en brazos, acompañada de la historia que explicaba cómo su “peluche” guardaba una botella de tequila para ponerle más ambiente al partido; como por su jefe el alcalde Américo Zúñiga Martínez.
Y es que una de las reglas básicas en política es: “el cordón se rompe por lo más delgado” y entonces no es ningún problema para el alcalde Xalapeño salir a los medios a manifestar enérgicamente su desacuerdo en que éste servidor público en quien él confió, disfrute del campeonato de futbol “in situm”, mientras “la administración municipal sigue en funcionamiento y todos sus integrantes se toman muy en serio la labor administrativa que les fue encomendada”.
Así, en una típica reacción “política” Zúñiga Martínez, se comprometió: “Vamos a estudiar el caso, necesitamos esclarecerlo. Por supuesto que no lo avalo, ni lo consiento ni estoy de acuerdo, creo que si bien es cierto que todos tenemos derecho a viajar y al esparcimiento, los funcionarios públicos de esta ciudad tienen la obligación de estar atentos a los problemas de esta ciudad y por eso voy a llevar a cabo la investigación respectiva”.
Ahora lo que sigue es que el funcionario en cuestión “aguante vara”, se quede calladito, haga mutis graciosamente para desaparecer un tiempo y habiendo cumplido con lo que “se espera de él”, un día, más adelante en el tiempo, reaparezca, habiendo probado su lealtad, entereza política y madurez.
De lo contrario, su “muerte política”, entonces no sería transitoria, sino permanente; a menos que alguien de muy arriba lo “salvara” por algún motivo particular (conveniente para sus intereses o por simpatía) y dada su “estatura política” nadie se atreviera a cuestionar la decisión.
Así podríamos traer al cuento un listado infinito de casos parecidos, pero para no ir muy atrás y menos aburrirlos sólo dos nombres: Felipe Amadeo Flores Espinoza y Salvador Manzur Díaz. El lector sólo requiere memoria de corto plazo para hacer el símil.
Otra práctica muy frecuente es la de contratar colaboradores de palabra, fuera de nómina y sin nombramiento que hacen algunos encargos específicos y a los cuales un día sin mediar explicación, el político que los reclutó les explica que “anda mal de lana” que “harán un break” y que “cuando se componga la cosa, le volverá a llamar”. Regla no escrita: No hacer nada al respecto, nada en absoluto. Lo vuelvan a llamar o no. De lo contrario, la manada se encarga.
Tal vez todo esto explica las traiciones, los dobles discursos, los cambios de bando, de partido, de “equipo político”, los ajustes de cuentas, las limpiezas de grupos políticos predecesores. Al final, los que observamos a distancia notamos que de cofradía y de hermandad, la clase política no tiene nada.
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